Lavagna pidió condenar a Cuba
Roberto Lavagna se lo advirtió a Eduardo Duhalde. Argumentó que el giro en la ONU, pasando de la condena a la abstención en el tema de los derechos humanos bajo el castrismo, es inoportuno y peligroso. Señala que eso privará al país del favor del Fondo Monetario y de los acreedores a la hora de encarar la renegociación de la deuda, complicando la recuperación económica. Lavagna, como siempre ambiguo, fue promocionado anoche como ministro de Economía de un eventual gobierno de Néstor Kirchner. Pero, a la vez, tomó distancia del santacruceño, quien se manifestó favorable a la abstención. La repudiable decisión de Duhalde también dividió al resto de los sectores políticos.
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«Menem al gobierno, Bush al poder.» Los carteles que se pegaron ayer en Buenos Aires fueron atribuidos a Duhalde. ¿O los hizo Menem?
Lavagna está a punto de convertirse en la figura central de la campaña proselitista del gobierno. Se lo verá en spots publicitarios, rodeado de su equipo y recomendando la continuidad de la actual gestión, que él identifica con la llegada de Kirchner al poder. Sin embargo, no consiguió convencer al candidato del desatino de aparecer al lado de Fidel Castro, a quien hasta el comunista José Saramago ve como un sanguinario. La disidencia por la cuestión cubana, entonces, no afectó solamente al gobierno, sino que se extiende también al equipo de campaña de Kirchner, cuyo postulante oficial a ministro de Economía y aspirante a la Cancillería piensa distinto que el candidato.
Ayer, Buenos Aires quedó tapizada con un afiche con los colores de la bandera de los Estados Unidos y esta leyenda: «Menem al gobierno, Bush al poder». Si se presta atención al razonamiento electoralista que llevó adelante Duhalde, confiado en que asociándose a Castro y su dictadura terminal atraerá a una masa de votantes adversos a los Estados Unidos, la pegatina anónima la ha financiado el gobierno. Por eso el Presidente y su candidato prefieren quedar al lado de Lula y Castro, mientras Menem será uno de los temas de conversación, la semana que viene, cuando el oriental Jorge Batlle visite a George W. Bush (el presidente del Uruguay habló ya con su amigo argentino de esta visita y de algún mensaje hacia Washington). Batlle es uno de los impulsores de la censura a Cuba en la ONU.
• Agotamiento
El duhaldismo ha de pensar que con esto Menem paga un costo. Pero muchas veces se verificó que la realidad no es como el Presidente la interpreta. La agenda de su propio gobierno, más allá de la retórica proselitista, se agotó casi en un solo asunto: conseguir de los Estados Unidos y el Fondo un acuerdo económico con la Argentina, que marcó el final político de la actual gestión. Desde la Casa Rosada se inculcó al electorado a lo largo de un año que ése era un objetivo deseable. Es sobre todo por haberlo alcanzado que Lavagna se convirtió ahora en actor de la publicidad oficial. Si se sigue esta lógica oficial, tal vez haya que dudar de que el efecto de esos carteles es el que calculó el gobierno. Al contrario, como en tantas otras ocasiones, Duhalde puede haberse convertido de nuevo en el involuntario jefe de campaña de Menem.



