Más que una reforma, el presidente Javier Milei propone una “modernización” laboral. Así presentó el proyecto de ley que el oficialismo busca sancionar en el Congreso en los próximos días. Pero, al menos en lo vinculado a las licencias de cuidado, el texto se queda anclado en la década del '70, cuando los índices de empleo, los ingresos y hasta el “rol” de la mujer en la familia eran muy distintos a la realidad actual. Dejar intacto ese ítem excluye del mercado laboral formal a casi dos millones de mujeres y, en términos estrictamente económicos, se pierde una oportunidad para incrementar el PBI en la Argentina.
Licencias de cuidado: cómo impacta en números su ausencia en el proyecto de reforma laboral
La modernización laboral del Gobierno se queda anclada en la década del '70, cuando el grueso de las mujeres eran "amas de casa". Esto excluye del mercado laboral formal a casi dos millones de mujeres y, en términos estrictamente económicos, se pierde la oportunidad de incrementar el PBI.
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Pese a que las mujeres ingresaron masivamente al mundo laboral, las licencias se mantienen igual desde 1974.
La reforma laboral dictaminada en el Senado mantiene la redacción de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) sancionada en 1974 en términos de licencias de cuidado. Es decir, contempla apenas dos días para los hombres que se conviertan en padres, y 90 para las mujeres.
Esos 90 días se ubican muy por debajo de las 14 y 18 semanas (unos 120 días) que fijan los estándares internacionales. Y, en el caso de los hombres, el caso es más alarmante. Entre los países vecinos, apenas Bolivia tiene hasta 4 días para los hombres. Hay que remitirse a algún país de Centroamérica, Asía del Este o África para encontrar licencias equivalentes a las de la Argentina.
Sin ir más lejos, en Brasil o Chile, se encuentran entre los países donde las licencias por paternidad van de los 5 a 9 días; Paraguay entre los que cuentan con entre 10 y 15 y Uruguay, en el reducido grupo que da licencias de hasta 29 días.
Medio siglo después de la LCT
La brecha entre hombres y mujeres hay que ponerla en contexto. Cuando se redactó la LCT, el concepto de familia era bien distinto al actual. Para simplificar: los hombres trabajaban y las mujeres eran "amas de casa". Por aquel entonces, con cifras cercanas al pleno empleo y, con un sueldo (el del hombre), alcanzaba para el sostenimiento de una familia. Los datos muestran con claridad esa transformación.
De acuerdo a un informe elaborado por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), “entre 1980 y 2025, la participación laboral femenina creció del 27% al 51,6% (INDEC, 2025). En 1986, el 65% de los hogares argentinos tenía un único proveedor varón (Cippec, 2018)”.
“Para 2024, el 56,8% de los hogares cuenta con dos proveedores de ingresos (INDEC, 2024). Las mujeres ingresaron masivamente al mercado laboral y hoy son un componente central de la sostenibilidad económica de los hogares”, señala el informe elaborado por ELA.
Más de 50 años después, ya sea por cuestiones económicas o culturales, las mujeres se volcaron al mundo del trabajo. Pero la “modernización” libertaria no contempla esa transformación.
El proyecto de Milei tampoco contempla que ese vuelco de las mujeres al mercado laboral no trajo aparejado un reparto equitativo de las tareas del cuidado. Las responsabilidades de cuidado siguen recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. “Según el INDEC, en 2021 el 91,7% de las mujeres realizaba tareas de cuidado frente al 75,1% de los varones, dedicando casi el doble de tiempo diario (6:31 horas, frente a 3:40)”, detallan el informe elaborado por ELA.
Mantener intactas las licencias de cuidado no ayuda a revertir ese escenario. Pero además, el proyecto libertario, que podría aprobarse en menos de 15 días en el Senado, tampoco contempla licencias para otros casos que lo ameritarían. Y que sí están contemplados, por caso, en el proyecto que impulsó Unión por la Patria en Diputados (y que también se debatió en comisión durante el gobierno de Alberto Fernández).
Por caso, licencias por adopción o por nacimiento a pretérmino. Tampoco se contempla qué ocurre cuando hay un integrante de la familia que tiene alguna discapacidad (y que por tanto requiere un cuidado específico) ni cuando el trabajador tiene algún familiar enfermo, por poner algunos ejemplos.
Sí es cierto que algunos convenios colectivos de trabajo superan el piso de la LCT en este ítem y contemplas esos casos, amplían las licencias por paternidad o incluso van más allá.
El asunto es que la modernización de Milei atenta contra esos convenios al eliminar su ultraactividad automática. Aquellos cuya fecha de vencimiento ya haya pasado, de sancionarse la ley, “caen”. Los sectores deberían volver a tratarlos (con el riesgo de perder estos y otros beneficios)
El impacto económico de las licencias
La Argentina mantiene, a la fecha, brechas significativas de participación laboral entre mujeres y varones, que oscilan entre los 20 y los 40 puntos porcentuales, de acuerdo a datos elaborados por ELA. “Esta desigualdad implica la exclusión de aproximadamente 1,8 millones de mujeres del sistema productivo”, afirman. ¿Cuándo se ve esa brecha que puede alcanzar hasta los 40 puntos porcentuales? Cuando aparecen hijos en el medio.
Cuando no hay hijos, la brecha de tasa de actividad de jefas/es de hogar y cónyuges entre 25 y 59 años por sexo es de algo más de 20 puntos porcentuales. Cuando hay dos o más niños menores de 6 años, esta se amplía hasta los 40 puntos porcentuales. Es decir, son las mujeres las que, mayoritariamente, se abocan a las tareas del cuidado de los hijos y se retiran del mercado de trabajo formal.
“Una reforma laboral que no contemple estas condiciones no solo no corrige estas brechas, sino que corre el riesgo de profundizarlas”, insisten desde ELA. La corrección de esas brechas para así fomentar la incorporación de las mujeres al sistema productivo se traduciría, por caso, en mayores fondos para las arcas públicas: la formalización laboral implicaría, por caso, la recaudación de impuestos; aportes previsionales y contribuciones a la seguridad social.
Pero además, como Milei tiene una mirada economicista, en ELA aportan un dato elaborado por McKinsey Global Institute: Si se ampliaran los niveles de participación laboral de las mujeres, el impacto en el PBI de América Latina podría ascender a u$s2,6 trillones, lo que representa un incremento aproximado del 34% del PBI regional anual”.
Y rematan: “Ignorar estas dimensiones no solo tiene costos sociales, sino también económicos. La diferencia entre la tendencia actual y el escenario de paridad representa el potencial de crecimiento del PBI en la región”.






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