Patricia Bullrich se pone al frente, desde este miércoles a las 15, de una ronda de conversaciones con bloques del Senado para intentar destrabar la reforma laboral impulsada por Javier Milei. No es solo una negociación técnica: es una prueba de liderazgo político en un Congreso donde el oficialismo sigue siendo minoría y cada voto cuenta como si fuera oro en polvo.
Patricia Bullrich empuja dos reformas sensibles para marcar el ritmo del Congreso
Con la reforma laboral y el Régimen Penal Juvenil bajo el brazo, la titular del bloque libertario en el Senado encabeza la ofensiva política del Gobierno en la Cámara alta y busca ordenar apoyos en un escenario fragmentado y lleno de advertencias.
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Patricia Bullrich encabeza una serie de reuniones con el objetivo de avanzar con la reforma laboral.
La estrategia pasa por mostrar iniciativa y ocupar el centro de la escena. Mientras tanto, Diego Santilli articula con gobernadores y referentes provinciales para sumar respaldos. Sin acompañamiento territorial, la reforma no camina. Por eso, en paralelo, el Gobierno activa contactos con mandatarios que miran el proyecto con más pragmatismo que entusiasmo.
La reforma laboral es el eje formal, pero no el único. También está el proyecto de Régimen Penal Juvenil, que propone bajar la edad de imputabilidad y que el Ejecutivo incluyó en el temario de sesiones extraordinarias. Dos debates sensibles, dos temas con alta carga simbólica y política.
Dos debates sensibles, negociaciones cruzadas y un Senado obligado a salir del letargo
En el Senado, la oposición dialoguista escucha, toma nota y pone condiciones. Hay reparos sobre el impacto social de la reforma laboral, dudas sobre los tiempos y advertencias sobre el costo político de avanzar en simultáneo con el Régimen Penal Juvenil.
Desde el oficialismo admiten que el objetivo inmediato no es cerrar acuerdos definitivos, sino “ordenar el tablero” y saber quién acompaña. La ministra apuesta a llegar a febrero con un mapa más claro y evitar que los proyectos se empantanen apenas arranque el debate formal.
El movimiento tiene también una lectura interna. Bullrich se consolida como una de las figuras políticas más activas del Gobierno, asumiendo costos y concentrando conflictos. El Congreso, mientras tanto, vuelve a funcionar después del receso.




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