1 de febrero 2008 - 00:00

Lucha Godoy por sobrevivir

El simulacro de descargo que Jorge Godoy, jefe de la Armada, hizo sobre las responsabilidades que se le imputan en los beneficios que recibió Héctor Febres -hasta "vacaciones"- no aplacó el malestar de la ministra Nilda Garré. Tampoco el de los Kirchner que, quizá para evitar que la naciente gestión de Cristina se sacuda con otra crisis, demorarían 30 o 40 días una decisión sobre el destino del jefe militar salvo que, como ocurrió en otros casos, aparezcan grabaciones que comprometan de manera irreversible a Godoy. La furia de Garré y la Presidente con el almirante no fue, salvo en Ambito Financiero, registrado por ningún diario. Eso a pesar de que, en reserva, la Casa Rosada tiene hasta designado a su sucesor: el almirante Alvaro Martínez.

Como ya lo había hecho en anteriores refriegas con el Ministerio de Defensa, el almirante Jorge Godoy zafó una vez más del holocausto. Lo hizo entregando a sus subalternos, el mismo modelo que aplicó en el affaire del espionaje a políticos en la base de Trelew. La ministra Nilda Garré le había ordenado que informase acerca de dos situaciones vinculadas con los derechos humanos: el régimen laxo de cautiverio del prefecto Héctor Febres en el cuartel naval de Azul y las designaciones de asesores personales que tienen causas abiertas en la Justicia como el almirante Pertusio, un submarinista que ahora salió a superficie y que percibía emolumentos del Centro de Estudios Estratégicos de la Armada.

Con esa cintura política quizá aprendida de sus años como enlace en el Congreso, Godoy envió un escrito a Garré despegándose de toda responsabilidad en ambos temas y cargó la mochila a sus antecesores -almirantes ya en retiro-, como el ex comandante de operaciones navales Eduardo Llambí. Cargó Godoy la responsabilidad de haber permitido vacacionar al prefecto Febres en Azul a Llambí, en el período veraniego de 2003/ 04. Justo a este alto oficial que además había cumplido funciones como jefe del Servicio de Inteligencia Naval y sabía de los viajes que Godoy realizó cuando era subsecretario general naval y peregrinaba entre México y España con el propósito de moderar los rigores de la Justicia a dos penados: el confeso marino delator Adolfo Scilingo y el capitán de corbeta retirado Ricardo Cavallo. Ni que hablar de los viáticos y otros menesteres dinerarios que manejó Godoy en aquellos tiempos -todos surgidos de la discreción de Inteligencia-, que serían el noúmeno de los sectores de derechos humanos.

  • Actas

  • También enrostró a la Prefectura su actuación en el traslado del preso Febres al presunto lugar de esparcimiento de la Base Naval Azopardo en Azul, y agregó una ristra de actas de «Entrega del Detenido» rubricadas por personal de esa fuerza de seguridad. La respuesta escrita de Godoy a Garré se repite como un calco: «En el marco de las actuaciones correspondientes a las causas que se detallan, los magistrados intervinientes ordenaron su traslado al establecimiento naval ya indicado». La frase de Godoy remite sin concesiones a la responsabilidad que le cupo en el movimiento del penado Febres al juez federal Sergio Torres, encargado de la megacausa de la ESMA. Es la primera vez que un jefe militar se anima a trasladar la mochila del movimiento privilegiado de un detenido al propio juez de la causa.

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