Hay carreras políticas que no se entienden; menos aún algunas retrocarreras, como la que emprende ahora Sergio Massa, titular de la ANSeS. Se prepara para disputarles a los vecinalistas del partido de Tigre una administración que controlan desde 1983. Arriesga para eso ese casi ministerio autónomo que es la Administración Nacional de la Seguridad Social -el ente que le asegura el superávit a la Tesorería de Néstor Kirchner- para pelear donde el barrio se subleva.
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La decisión, que comunica en estas horas al gobierno, no deja de tener algún tinte de suficiencia: cree que Tigre no puede dejar pasar la oportunidad de tenerlo como candidato por los tantos ganados en la gestión nacional. Lo expresa de otra manera: que no puede abandonar una pelea hoy ganadora en ese distrito para privilegiar su carrera política nacional.
Suma algunos argumentos de contexto: si Daniel Scioli gana las elecciones bonaerenses, lo va a tener viviendo cuatro años como vecino de Tigre al gobernador. Este tiene fijada su residencia en La Ñata, pedanía de Benavídez, dentro de Tigre, donde vive de manera casi permanente.
Massa jura que no hará la «gran Juanjo» (por Juan José Alvarez) de ganar una intendencia y pedir licencia para seguir en la ANSeS (lo hizo el ex ministro en Hurlingham) y que una buena intendencia en Tigre puede ser la base de su tercera carrera política. Suma una inquietud: en estos meses de campaña tiene que asegurar que el club Tigre, donde tiene más de un interés, mantenga la categoría en la primera A de la AFA. Algo más difícil que manejar recaudaciones ajenas o uno de los partidos con más recursos de la provincia de Buenos Aires.
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