Se reunió ayer Carlos Menem, en la sede porteña de la Fepac, con más de 25 diputados justicialistas, un número que superaba al generalmente atribuido como «bloque menemista». Convocaban los auspiciantes de la añeja Fundación, Alberto Kohan y Ricardo Romano, y junto al trío principal también se sentaron Eduardo Menem y sus colegas del Senado Alberto Tell y el cuestionado Eduardo Bauzá.
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Comenzó el ex presidente haciendo una descripción de la crisis política y económica y, como es obvio, no ahorró críticas contra los principales protagonistas del gobierno. Se reunió ayer Carlos Menem, en la sede porteña de la Fepac, con más de 25 diputados justicialistas, un número que superaba al generalmente atribuido como «bloque menemista». Convocaban los auspiciantes de la añeja Fundación, Alberto Kohan y Ricardo Romano, y junto al trío principal también se sentaron Eduardo Menem y sus colegas del Senado Alberto Tell y el cuestionado Eduardo Bauzá.
Comenzó el ex presidente haciendo una descripción de la crisis política y económica y, como es obvio, no ahorró críticas contra los principales protagonistas del gobierno. Dijo oponerse al proyecto nonato de ley de crédito público, advirtió que el megacanje es una hipoteca que Domingo Cavallo le impuso al país simplemente para beneficiarse en su próxima campaña presidencial de 2003. Esquizofrenia
También aludió a la esquizofrenia del gobierno en el sentido de que nadie podía entender que uno de sus ministros (Cavallo) fuera a elecciones con los partidos de la oposición ni que el jefe del radicalismo, Raúl Alfonsín, se dedicara a fustigar al titular de Economía.
Ante tal panorama, sin ninguna expectativa positiva, «debo admitir que no me dejan ser opositor y, por lo tanto, voy a tratar de evitar que esto se desmorone. Voy a aplicar toda la responsabilidad posible».
Tras esas palabras de Menem, comenzó la interpretación de los legisladores presentes, cada uno a su modo y estilo, todos en la misma línea del ex presidente. Incluso, se recogió la opinión adversa contra Carlos Ruckauf, especialmente cuando Bauzá confesó que el gobernador bonaerense lo había llamado por teléfono para decirle: «Este año voy a ser presidente de la Nación». Se escucharon comentarios de tipo variado sobre «el golpismo», «el mesianismo» y otras cualidades atribuidas fácilmente a Ruckauf. Menem pasó a otro capítulo, se refirió al costo de la política y a la campaña que en ese sentido realiza el «boletín oficial» -el modo que él tiene para calificar al monopolio «Clarín»-, afirmando que más allá de recortes necesarios hay que cuidarse porque «lo que están haciendo es una campaña contra la democracia». Más que podas políticas sueltas e inconexas, fruto de la presión del «boletín oficial», lo que «siempre yo he propuesto y ahora reitero es la regionalización, un plan orgánico, imprescindible para dinamizar al Estado y las provincias» (sobre esto escribió ya varios tomos con Roberto Dromi). Después se insistió con la unidad -llamarán a una nueva reunión la semana próxima, incorporando a más legisladores, del otro bloque asociado con el cual superan al de Ruckauf, más gente de la CGT, del Senado y del Consejo-advirtiendo que hasta ahora, desde Buenos Aires (con Ruckauf y Eduardo Duhalde) el peronismo sólo puede esperar intentos de fragmentación.
Se formó una comisión para crear una agenda antes de que Menem partiera, y allí quedaron formando grupos diputados como Baladrón, Toma, Figuero, Escobar, Mosso, Kent, Alarcón, Chaya, Oviedo, Snopek y Scioli, entre otros.
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