En el planteo gremial -con el jefe ausente- coincidieron los Fernández de Kirchner, Alberto y Aníbal. Con pocas horas de diferencia, uno y otro salieron a quejarse de los $ 3.000 «de bolsillo» que les depara, mensualmente, su trabajo como ministros nacionales. «Quiero cobrar lo que valgo», dijo el Fernández de Quilmes por TV la noche del miércoles sin especificar cuánto vale, si es que tiene precio. Un rato después, por radio, el jefe de Gabinete agregó: «Uno deja actividades profesionales y tiene una disminución muy fuerte en sus ingresos».
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Refirieron ambos al tope de $ 3.000 que, por decreto, impuso Adolfo Rodríguez Saá en su breve paso por la Casa Rosada a fines de 2001. A raíz de ese decreto -que varias veces estuvo a punto de anularse-, un asesor de la Jefatura de Gabinete cobra el doble que el Fernández porteño ($ 6 mil y tiene rango de director). Aquella disposición, poco seria, todavía perdura, y el gobierno -al menos el Presidente-se resiste, quizá porque sería injustamente cuestionado. Pero, en cualquier lugar del mundo, un funcionario que toma decisiones cobra un sueldo razonable. Aníbal F. usó ese argumento. Inquirió sobre cuál debería ser «el valor del sueldo de un ministro que toma decisiones por muchísimo dinero y que una decisión (suya) acertada le hace ahorrar mucha plata al Estado».
Los Fernández aprovecharon el viaje de Néstor Kirchner a Estados Unidos para liberar sus comprensibles reclamos. No parecen sentirse alcanzados por los dichos del riojano Jorge Yoma, que pidió «blanquear» el tema y permitir que los ministros cobren sueldos «dignos». «Si no -dijo Yoma, la semana pasada por radio-, se recurre a los sobresueldos que se usan desde 1983 hasta la fecha.»
El pedido que ensayaron los ministros (el de Interior conoce sobre el tema por su antiguo y siempre fructífero vínculo con grupos de piqueteros, D'Elía y Castells, entre otros) queda en sintonía con las demandas clásicas de aumento salarial en el Estado. Alberto Fernández, por caso, negoció la suba de 150 pesos para los estatales que cobran menos de 1.000 pesos. Pero no pudo, todavía, lograr que Kirchner -que también tiene tope de sueldo y no se queja- firme el decreto que, según parece, les devolvería la sonrisa a los ministros.
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