1 de abril 2004 - 00:00

Morón: siguen las anomalías

No aceptó la Fiscalía de Casación bonaerense el pedido del padre Julio César Grassi de que se conforme un jurado popular como lo contempla la Constitución nacional en forma obligatoria, aunque nunca fue puesto en vigencia.

Fue el fiscal de Casación Carlos Altuve quien desestimó la solicitud del sacerdote y, por el contrario, le recomendó al Tribunal de Casación bonaerense que declare «inadmisible» el recurso pretendido para llegar cuanto antes al juicio oral.

«No hay derecho a juicio por jurados mientras esta institución no sea establecida por ley en nuestro país»
, remarcó Altuve.

El fiscal dejó en claro que el sacerdote debe someterse estrictamente a lo ya decidido porque, según estimó, «la petición de un juicio por jurados resultaría violatoria del debido proceso».

Ahora Grassi deberá esperar el pronunciamiento final de Casación para saber si su planteo tiene alguna suerte.

En diciembre pasado, el padre Grassi decidió recurrir a la instancia de un juicio por jurado porque entendió que no tenía posibilidad de contar con un Tribunal imparcial, con un juicio justo y con una sentencia contraria a lo que quiere la opinión publicada por el monopolio «Clarín».

Por eso denunció que era víctima de un linchamiento público y recusó al tribunal que lo juzgaría. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchos funcionarios de la corporación judicial de Morón se hicieron famosos por actuar a favor de la versión oficial impulsada por el multimedio.

El padre
Grassi considera este tipo de jurado es el único tribunal imparcial que puede resistir a la vez la presión y la tentación o, al menos, el que mejor puede hacerlo, ya que -por el contrario- la Justicia de primera instancia está viciada de parcialidad, no así en las instancias superiores.

Es el caso de la Cámara de Apelaciones y Garantías de Morón, que hace unas semanas declaró nula la prisión preventiva del abogado
Miguel Pierri. El letrado fue detenido por orden del juez de Garantías (primera instancia) Humberto Meade por el delito de encubrimiento por favorecimiento personal agravado.

Lo de Meade es ya grave. No es usual que un juez repita errores que están relacionados con su
falta de imparcialidad. Antes acusó a Grassi de abusar de menores e inventó el tristemente famoso «lecho nupcial» que le valió que fuera recusado.

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