Moyano hizo desfile de armas ante Kirchner, que bajó paro
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Hugo
Moyano,
junto a Omar
Viviani, luego
de anunciar
que el paro
que habían
declarado
tres horas
antes se
levantaba
luego de que
el camionero
se comunicara
con
Néstor
Kirchner.
Es más: cuando se defiende la reelección de Moyano como jefe de la CGT, se argumenta que el transporte, en bloque, es el único sector que puede hacer sentir una medida de fuerza. «¿Quién se entera si la UOM hace un paro?», le pegan, por elevación, a Roberto Caló.
Recuerdan, además, que en los 90 las únicas huelgas que jaquearon a Carlos Menem fueron las promovidas por el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), donde confluían Camioneros y la UTA, por entonces controlada por Juan Manuel Palacios.
Ahora, en teoría, su despliegue es mayor. Ayer, de hecho, por tres horas, estaba en pie un paro que alcanzaría a colectivos, subtes, camiones, taxis, trenes, el sector portuario y hasta el transporte aéreo. Traducción: en los papeles, el país quedaría inmovilizado.
Desde la CGT, Moyano ató una alianza sectorial con otros caciques de gremios del transporte como los ex barrionuevistas Omar Maturano (La Fraternidad) y Omar «Caballo» Suárez del SOMU. Con altibajos, mantiene su acuerdo con la UTA que ahora domina Roberto Fernández.
La cofradía la completan Omar Viviani (taxistas), Juan Carlos Schmid ( Dragado), Ricardo Cirielli ( Técnicos Aeronáuticos), Ricardo Frecia (Aeronavegantes) y Juan Corvalán, de Estibadores, la más reciente incorporación al clan del transporte.
«Es un paro demente, sin sentido», se quejaban, ayer a la tarde, en la Casa Rosada, mientras maniobraban para que Moyano dé marcha atrás con el anuncio. Alberto Fernández fue quien primero negoció con el camionero; luego apareció Kirchner en persona.
El Presidente estaba en Olivos cuando le avisaron de los incidentes y, más tarde, del anuncio de un paro de 24 horas de todo el sector del transporte. Dicen que tuvo un estallido de cólera.
La furia del gobierno se recostó sobre la sospecha de que el paro -luego fallido- tenía como objetivo « limitar» los movimientos de Kirchner, pero, más que nada, de Cristina de Kirchner, a quien en la CGT desconfían, sentimiento que -acaso- sea mutuo.




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