No alcanzó al medio por ciento la desafiliación en la provincia de Buenos Aires, horas antes de haber concluido el plazo dado por la Justicia Federal con competencia electoral. Casi un fracaso si se piensa que este barrido y limpieza fue organizado para sa-near padrones partidarios con vicios en su confección. Sin embargo, se sostiene que las distancias conspiraron contra el éxito de la medida y sólo en la Capital Federal pudo aproximarse a un número de rechazos más significativo.
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Sobre un total de 2.800.091 inscriptos en los padrones de los partidos políticos reconocidos, el juez Manuel Blanco informó desde La Plata que sólo 786 (ver cuadro) pidieron ser desafiliados, es decir, 0,028 por ciento.
Como en la Capital Federal, se volvió a repetir el fenómeno que sólo afectó ligeramente en el número a los dos mayores partidos políticos con estructura en todo el país: radicales y peronistas, en este orden.
El hecho de que la Capital Federal sume 4.293 pedidos de desafiliación, entre los que hay un bajo porcentaje de inscriptos en forma fraudulenta -es decir que no sabían que habían sido afiliados-, contrasta con los 786 bonaerenses, los 26 de Córdoba o los 158 de Mendoza, siempre en función de la población que registran estas provincias, del número de partidos reconocidos y las fichas de adherentes que cada uno registra.
Sobre un padrón total de 558.513 afiliados, el número de renunciantes porteños apenas llegó a 0,76 por ciento. La mayor parte de los consultados por la razón de su desafiliación manifestó hacerlo porque no querían votar en la interna abierta convocada para el 15 de diciembre próximo. Un alto porcentaje de éstos se expresó abiertamente en contra de la política y la dirigencia partidaria.
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