22 de agosto 2001 - 00:00

"No dolarizan porque lo pedí yo"

Carlos Menem se apartó ayer de los festejos en Don Torcuato por la anulación de los controles que le impuso el juez Jorge Urso para un instante de reflexión sobre la actualidad. «Me pregunto -dramatizó ante sus defensores- cuál es el nivel de las reservas y si el dinero que circula tiene respaldo.» La mesa escuchó otra vez una queja conocida: «Estoy preocupado porque sé que la única solución a esta crisis es la dolarización. Y el gobierno la rechaza por una sola razón, porque lo propuse yo», remató ante los «Oscares» (Salvi, almorzó con él, Roger llegó a la hora del café)

«Por fin una, espero que se empiece a dar vuelta todo.» Con esta frase y un suspiro leyó a media mañana de ayer Carlos Menem el texto de la sentencia de la Cámara Federal que anuló el régimen de visitas.

Se lo adelantó por teléfono pasadas las 10 su sobrino Martín Menem, que integra el equipo de auxilio a los defensores pero pudo leerlo gracias al fax que recibió en Don Torcuato.

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De esa lectura alborozada fueron testigos, entre otros, el sobrino y diputado Adrián Menem (el otro hijo del senador Eduardo), el sindicalista Antonio Cassia y la activista de las amas de casa Lita de Lazzari.

Ante ellos el ex presidente festejó lo que cree un cambio de suerte que argumentó a la hora del almuerzo ante un único invitado, el defensor Salvi. El ex presidente cree ver en la sentencia de la Cámara un ánimo imparcial, tanto que admitió con rigor todos los argumentos de su queja por los controles impuestos por Urso. Una clave que dice le faltaba para enfrentar la próxima decisión de ese cuerpo; debe resolver la apelación presentada por el ex presidente contra la acusación de ser el presunto jefe de una asociación ilícita.

«No fue una revocatoria sino una anulación», repitió varias veces ante expertos que entendieron y ante inexpertos que no entendieron pero que igual celebraron. «¿Por qué mis amigos y mi Cecilia, o la gente que trabaja para mí, iban a sufrir las consecuencias de mi detención?», agregó a los amigos y parientes que lo llamaron para saludarlo, como su hermano el senador y Carlos Corach.

A todos les enfrió la pulsión fiestera: no va a abrir las puertas de Don Torcuato que entornó Urso. «Es mejor mantener la sobriedad, seguir recibiendo de a uno o de a dos personas y evitar las aglomeraciones», coincidió Salvi cuando habló de este punto con Menem. El ex presidente, además, le ha tomado el gusto a la tranquilidad que impera en la casa mientras rigieron los controles. Eso además le alegra el bolsillo al dueño de casa, Armando Gostanian, que es quien corre con los gastos del detenido y sus visitantes y vela por el ajuste del presupuesto doméstico (cafetería, cocina, vigilancia extra, etc.).

La noticia que le llegó de la Justicia no fue la única que animó ayer en Menem la esperanza de que la suerte puede cambiar hacia adelante: las relaciones con su hija Zulema Eva parecen mejorar. Esperó que aprovechando la ausencia de Bolocco -regresa hoy de los Estados Unidos- su hija buscase la reconciliación con una visita a «Torcuato» (como llaman los menemistas a este santuario temporal). No ocurrió pero ha habido alentadores contactos por teléfono que lo animan mucho.

De su esposa Cecilia también le llegaron mensajes alentadores. Se entrevistó el domingo -como adelantó este diario- con George Bush padre en la residencia de verano de la familia presidencial (está en la exclusiva Kennebunkport, costa del estado de Maine). Cenaron en familia y hubo recuerdos del padre del actual mandatario (no concurrió a la cena, retenido con veteranos de guerra y motoqueros de la Harley Davidson en el estado de Milwuakee) para el cautivo de Don Torcuato: «El mejor amigo que tenemos en la Argentina se llama Carlos Menem», fue el que retuvieron todos.

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