21 de marzo 2003 - 00:00

Otro Cafiero que ya se arrepintió

Elisa Carrió terminará de pacificar en las próximas horas el ARI: desde anoche, Mario Cafiero, quien había llegado a amenazar con dar un portazo -molesto porque lo desplazaron de la candidatura a gobernador bonaerense-, comenzó a enviar señales para recomponer relaciones.

«Voy a trabajar para que Lilita sea presidenta, porque estoy comprometido con su proyecto»
, lanzó Cafiero delante de sus íntimos, a pesar de que -en plena crisis- había llegado a calificarla de «autoritaria».

En una suerte de capitulación, Cafiero (h) hizo llegar éste y otros mensajes conciliadores. No obstante, espera que la jefa espiritual del arismo reconsidere algunas apreciaciones sobre la supuesta «ingratitud» del diputado y baje instrucciones a su entorno. Allegados a Carrió que mantienen diálogo fluido con el heredero de Antonio Cafiero en el ARI, quedaron en buscar la forma de reencauzar los lazos, sin traumas.

El ex funcionario de Eduardo Duhalde se molestó por la reconvención que le dedicó en público la chaqueña, apenas se enteró de que aquél había montado un plenario de disidentes. Pero más le dolió que adláteres de Lilita echaran a rodar la sospecha de que los cuestionamientos de Cafiero pudiesen haber sido alentados desde el duhaldismo para perjudicar a la líder.

Tal cual adelantó este diario, los aristas están convencidos de que el gobierno opera para tratar de birlarles votos y pasárselos a Néstor Kirchner, quien ya llegó a su techo en el electorado peronista, opinan ahí. El menemismo, consciente de esta dificultad del candidato oficialista, salió ayer a decir que «en caso de segunda vuelta, Carlos Menem se medirá con Carrió», de acuerdo con el pronóstico del ex senador Augusto Alasino.

Cafiero también está dolido porque siente que, de Lilita para abajo, no se lo reconoció a la hora de armar las boletas de diputados nacionales. En síntesis, él quería que le habilitaran esa grilla y sin demasiadas pretensiones.

La polémica doméstica derivó, sorpresivamente, en que Marcela Bordenave, Eduardo Macaluse, Carlos Raimundi y Graciela Ocaña terminaran sacándolo de la nominación a gobernador, bendecidos por la misma Carrió. Para ajusticiarlo, lo acusaron de haber querido copar las papeletas con los restos de la cafieradora. A modo de réplica, el último fin de semana, Cafiero junior amagó con fugarse del ARI con dos centenares de punteros de la provincia (en realidad, sus críticos aseguran que no son tantos).

Ahora, el escenario parece propicio para volver al redil, aun cuando mantenga la posibilidad de montar una línea interna propia para enfrentar al eje
Bordenave-Macaluse-Ocaña-Raimundi en el partido del distrito bonaerense (ver aparte). Por cuerda separada, le queda la expectativa de que Carrió haga un buen papel en las presidenciales del 27 de abril y llegue al ballottage del 18 de mayo.

En ese caso, con el arismo en ascenso,
Cafiero podría recibir una compensación mucho más generosa que palabras y gestos de cariño de parte de Lilita que todavía no se produjeron.

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