6 de agosto 2004 - 00:00

Otro panorama

Otro panorama
Coca-Cola hace publicidad más para mantener imagen que para vender. El gobierno Kirchner cree que sustenta la suya con encuestas periódicas, pero no son creíbles. Algunos medios las incluyen para revalidar acuerdos y otros para nivelarse.

Lo real es que la popularidad del gobierno ha disminuido, más allá del desgaste natural de ejercer el poder. Hubo posturas oficiales desalentadoras frente a hechos capaces de conmover a la sociedad y ultimátum demasiado fuerte desde el exterior. El discurso presidencial es reiterativo y evanescente como para recuperar la fe del ciudadano.

Unas oficinas oficiales buscan salida en encuestas contratadas.
Otras, en pintar estrategias como que el Presidente se acerca a Eduardo Duhalde con la prenda de desistir de la candidatura de Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires para 2005. La verdad es que frente a figuras como Mauricio Macri, Elisa Carrió o Ricardo López Murphy, más la acechanza de palabras adversas de Juan Carlos Blumberg, la primera dama correría un serio riesgo electoral en el actual contexto, quizás un golpe de desprestigio difícil de remontar luego. Más si fuera a las urnas dividiendo votos con Chiche Duhalde. Los unió la necesidad, no hay que engañarse.

Si de algo fue convencido el gobierno por el duhaldismo es de lo que vaticinó el caudillo bonaerense: «Corremos riesgo de perder la elección de 2005».

No sin pérdida de imagen se desafía a la sociedad con Eugenio Zaffaroni, Carmen Argibay, convalidando a los D'Elía, lanzando museos faraónicos a «la memoria», pronunciando discursos siempre sobre el pasado, con conceptos involucionados y rematar con María del Carmen Falbo consagrada secretamente en la madrugada.

Hay un visible giro hoy en la sociedad hacia el centroderecha que no necesitará alianzas para lograr votos el año próximo. Bastará luego con unir legisladores con afinidad. La libre empresa tiene postulados mucho más coherentes, más ejemplificados hoy en el mundo que la izquierda. A ese centroderecha le basta con que se distribuyan bien sus figuras clave en los distritos el año de elecciones. El gobierno necesita mucho más, aunque cuente con el Estado.

Cuando se cala hondo en el análisis de la realidad política actual, se ve con sorpresa que podría estar sucediendo un fenómeno inédito que podría llegar a reflejarse en las urnas: una derrota política de la izquierda ahora complementaria de la derrota militar de la década setentista. Aquélla fue lograda con barbarie, es cierto, pero con ello mantuvo el izquierdismo su vigencia en los últimos 30 años. Ahora que llegó a ser gobierno -aunque sea «de pedo», como expresa el propio órgano oficial «Página/ 12» (ver recuadro)- quedaría evidenciada su carencia de planes, de proyección e incapacidades para gobernar, crear seguridad, puestos de trabajo y, en definitiva, su ausencia de carisma, de manejo racional de la administración pública, aún en una época de bonanza por venir de un año excepcional desde el sector externo, aunque ahora se ha cubierto de nubarrones. La facilidad de hacer oposición y gestar entusiasmos con sólo rememorar permanentemente la represión violenta desde 1976 se agota al ser gobierno. Además Néstor Kirchner usa ese discurso después de haberlo gastado el progresismo durante 30 años. Ahora cansa.

• Distracción

Cuesta hoy al gobierno mantener imagen. Cuesta mantener el orden. Cuesta acostumbrarse a que, por dominar la Casa Rosada, aparece otra izquierda al progresismo que se creía dueño de la zona.

Pueden hacerse danzas de guerra pero no son más que distracción a plazo fijo frente al mundo exterior.
Este gobierno tuvo la oportunidad de ser una socialdemocracia moderna, pero no la aprovechó. Hubo errores conceptuales al creer que bastaba con no sacarse nunca de la boca los slogans del progresismo teórico argentino hasta llegar a sorprenderse por quedar a la derecha de un marxismo duro, utópico, sin prototipos en el mundo moderno, pero persistente, férreo, que no juguetea adolescentemente para terminar usufructuando el aburguesamiento y la vida light que demuestra, finalmente, envidia por los que detentaban eso. ¿Puede haber mayor desaliento y confusión para quien llevó una vida ideológica contra el centro o el centroderecha que sentir que, si viene una ola lumpen, sería sacrificado junto con ellos? Esto moviliza aperturas.

• Exclusividad

Elisa Carrió -que no tendrá propuestas a la hora de exponer soluciones pero sí considerable viveza política- hace tiempo que comenzó a olfatear que con Néstor Kirchner la izquierda puede incinerarse como administradora correcta de un país. Voluntariamente va dejándole al kirchnerismo la exclusividad de la vieja ideología populista de izquierda que antes la enfurecía cuando se la usaba desde el gobierno, ya que la sentía propia. Hoy ya no reclama. López Murphy pasó a ser un esbelto príncipe azul para Carrió.

El gobierno, a su vez, recurre ahora a alianzas pero condicionadas a desagrados mínimos, aunque también a similar eficacia, obvio. El jueves pasado, 29 de julio, Néstor Kirchner se reunió en un acto-excusa con el último candidato radical,
Leopoldo Moreau (apenas insignificante 2% de los votos en los comicios del 27 de abril de 2003). El mismo día en el hotel Sheraton eran convocados por una entidad privada a un diálogo Ricardo López Murphy, Elisa Carrió y Juan Carlos Blumberg. Todos juntos. Los dos ex radicales, como tercero y quinto en los mismos comicios, suman ambos -aunque con ideologías disímiles- 6 millones de votos. El tercero en cuestión, Blumberg, puede mostrar como adhesión espontánea a sus postulados 5 millones de firmas de ciudadanos (más que el más votado el 27 de abril de 2003, Carlos Menem, que tuvo 4.740.000 votos). ¿Con quiénes, entonces, puede haber un diálogo constructivo para consolidar el país frente a la caída actual del campo y las exigencias externas que vendrán durísimas en setiembre? Es difícil imaginar a un maniqueísta como Néstor Kirchner, compartiendo un diálogo con un opositor capaz de disputarle algo. Menos aún imaginarlo sentado junto a quien pueda ganarle una elección. Su diálogo se entiende frente a un radicalismo sin destino electoral donde un Raúl Alfonsín se contenta con que lo envíen de veedor al plebiscito de Venezuela.

Con un radical moderno, aggiornado, como Angel Rozas, pero incapaz de llevar a sus anquilosados correligionarios hacia los aires nuevos que soplan en el país tras el desencanto de este justicialismo kirchnerduhaldista. ¿Cómo haría Rozas para hablarle a su partido de libre empresa, de que el país que honra sus deudas gana futuro? ¿Cómo convencer a Alfonsín, a Moreau, que para hacer izquierda cualquiera preferiría al propio gobierno o a Elisa Carrió, llegado el caso. Y hasta a Raúl Castells antes que a ese viejo radicalismo? Claro, por pensar así, por no tener futuro los recibirá el Presidente. No a López Murphy, no a Carrió, no a Sobisch, no a Macri. Aceptemos lo que dijo la Iglesia por boca de su principal vocero, el cardenal Jorge Bergoglio, en el tedéum del 25 de Mayo último:
«Terminemos con las actitudes adolescentes».

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