12 de octubre 2001 - 00:00

Para fraude, nada como nobles abuelas

Cambiar el resultado de una elección cuando el oponente no cuenta con suficientes fiscales para cuidar las urnas es una práctica tan vieja como fácil de realizar. La consienten además los usos y costumbres de la vieja y la nueva política. Claro que esto opera cuando existen al menos dos fuerzas dispuestas a complicarle el resultado a una tercera ya que, por lo común, no se presentan sólo dos partidos a la elección en cada distrito.

Los procedimientos para modificar el resultado de una elección son múltiples, pero por lo general tienen éxito cuando comienzan dentro de la escuela donde se llevaron a cabo los comicios. De todas formas toda maniobra tiene posibilidad de éxito si el presidente de mesa designado por la Justicia Electoral no concurre a la mesa que debe controlar, algo que este año podría ocurrir en muchos casos si se tiene en cuenta la cantidad de renuncias que los fiscales oficiales designados están presentando.

• Viejecitas buenas

Nada más importante a la hora de organizar unos comicios que la elección de los fiscales de los partidos. Muchos eligen para esta tarea a jóvenes militantes o a mujeres de edad avanzada, que actúan tanto para las internas partidarias como para las elecciones nacionales. Esas nobles viejecitas van a las escuelas de votación bien equipadas con termo, mate, galletitas y algún sándwich, siempre dispuestas a compartirlo con sus compañeros-contrincantes de mesa.

Conseguir un buen ambiente de confianza entre los fiscales es la mejor herramienta para hacer trampa y llenar la urna de votos propios.

Por el contrario no existe peor error en un partido político que no atender bien a sus fiscales, si es que tiene un número suficiente de militantes como para cubrir cada mesa. Esto es lo que suele pasarles a los partidos que no cuentan con estructura, como fue en su momento el caso del Frepaso y lo será ahora con seguridad el ARI. Como decía un jefe de campaña radical: «Urna descuidada, urna violada».

Hacia las 12 del día de los comicios un fiscal bien entrenado ya debe haberse ganado la confianza del resto de los integrantes de la mesa que, a esa altura, ya piensan como imposible que ese tipo macanudo o esa cándida abuela sean capaces de alterar la voluntad popular. Es el momento en que se levantan para ir al baño o a comprar cigarrillos, lamentablemente para sus intereses. Esos son los momentos más preciados para, con acuerdo de dos listas, reforzar los votos de una urna y marcar en el padrón a alguien que se sabe no irá a votar.

Muy importante en esta estrategia es aprovechar los errores de atención de la oposición que, con buena predisposición soluciona el partido contrario regalando un sándwich de milanesa a quien su agrupación dejó abandonado en una mesa desde las 8 de la mañana.

Habiendo transmutado su rol de fiscal partidario en abuela cariñosa, las militantes comienzan su tarea. En la historia reciente no hubo peores víctimas de estos casos que los inocentes fiscales frepasistas que se dejaron llevar por su bondad, algo que ahora se puede repetir con el ARI.

Pero pocos sistemas de fraude son tan efectivos como la posibilidad de arreglar la urna antes del comienzo de una votación. En realidad es una práctica más común en las elecciones internas, pero se han dado casos en la nacionales. Aquí el esquema inicial requiere de una falta de fiscales en el partido al que se quiere perjudicar y de autoridad de mesa. Por lo general,
como en el caso anterior, pierde el que no tiene estructura. El procedimiento se inicia a la mañana cuando los fiscales partidarios expertos consiguen abrir una mesa. Cuando el dormido llega a la escuela dentro de la urna ya hay mucho más de lo que se piensa.

Dejá tu comentario

Te puede interesar