12 de agosto 2005 - 00:00

Pasó revista al astillero y buscó votos para Cristina

«Se me acaba de ocurrir una idea -dijo-, casi en un susurro, Hugo Chávez y desplegó una sonrisa pícara: el primer buque que ustedes construyan se llamará Eva Perón.» Si algo sabe el venezolano es detectar el clic que, con apenas un puñado de palabras, hace bramar a la multitud.

Ayer usufructuó esa virtud: calmo, y por momentos hasta moroso, Chávez se floreó a gusto ante los trabajadores de Astillero Río Santiago, en Ensenada, la única empresa productiva que, saneada y en funcionamiento, perdura bajo control del Estado bonaerense.

Quizá por eso, y porque le fascinan el tumulto y los aplausos, Chávez pidió expresamente que le organicen una recorrida, con acto incluido, en el astillero. Allí se quedó más de lo previsto a pesar de que, por la noche, Lula da Silva lo esperaba para cenar, en Brasil.

Entre citas de Juan Domingo y Eva Perón, y toreos a George W. Bush, Chávez encandiló a las casi 3.000 personas que, ayer, pasado el mediodía, se reunieron a la vera del Río de la Plata, para escucharlo hablar durante 40 minutos.

De paso por la Argentina, donde permaneció sólo siete horas, Chávez se convirtió en una especie de «juntavotos» de Néstor Kirchner y Felipe Solá. Nada es inicuo en medio de una riña interperonista brutal como la que el Presidente y el gobernador impulsan contra Eduardo Duhalde.

Al mediodía, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, Chávez había repartido elogios para Kirchner y, especialmente, veneró a la primera dama/candidata, Cristina Fernández
. Por la tarde, en Astilleros, los halagos estuvieron dirigidos a Solá.

Pero el paraguas chavista no está blindado: al menos, no fue suficiente para amortiguar los silbidos con que los trabajadores saludaron a los intendentes de la zona. En ese ranking ingrato, la «pole position» fue para el platense Julio Alak.

Sin embargo, fueron apenas detalles: el acuerdo que ayer firmó Chávez tapó cualquier reproche menor. Hay motivos:
ARS les ganó la pulseada a los constructores brasileños y a un poll de empresas locales que pretendían quedarse con el negocio venezolano.

• Críticas

Es un botín preciado: 112 millones dólares para la construcción de dos buques productores que, ayer, en un instante, Chávez amplió a cuatro, operación comercial que ascendería a más de 200 millones de dólares y garantizará trabajo al astillero estatal por siete años.

Por eso, ayer Solá sonreía y se abrazaba a
Hugo Bilbao, presidente de astillero, que remó en la arena para sellar el acuerdo con Venezuela que, previamente, le había encargado otras tareas a ARS.

De hecho, junto a Solá, Bilbao, el jefe de Gabinete,
Rafael Magnanini, y el ministro de Gobierno, Florencio Randazzo, la embajadora en Venezuela Nilda Garré y el subsecretario de Relaciones Económicas Latinoamericanas, Eduardo Sigal, ayer Chávez recorrió el buque Manuela Sáenz -llamado así en homenaje a la esposa de Simón Bolívar-que está en reparación en Río Santiago.

Antes, retransmitido por el canal Telesur -«nos están viendo en Nueva York y Washington», dijo Chávez-, el acto mutó a tarima internacional para que el venezolano despliegue sus críticas clásicas contra el gobierno de
George W. Bush y «el capitalismo».

«La última vez que estuve aquí me fui emocionado de ver cómo ustedes salvaron estos astilleros de la voracidad neoliberal de la década del '90",
dijo esperando el aplauso, que llegó segundos después. Clausurado el capítulo local, se lanzó a su propia campaña internacional. «Venezuela está amenazada por el dedo del imperialismo norteamericano» que es «el poder más brutal, cruel y poderoso de toda la historia» bramó y advirtió que si «se les ocurre invadirnos, aunque nuestro país no quiere la guerra, les vamos a dar batalla».

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