11 de mayo 2006 - 00:00

¿Paz con Menem?

Hay un tramo de la historia económica argentina reciente que ni oficialistas ni opositores parecen enfrentar. Después de años de discusiones, el oficialismo prefiere ahora no hurgar más en los saldos de las privatizaciones de Carlos Menem ni en el proceso de colocación de deuda durante los años 1994 al '96. Para evitar una definición política sobre el rechazo o la aceptación de las cuentas de inversión de esos años se decidió dejar morir en Diputados esos expedientes. Supera con eso el kirchnerismo a los gobiernos de Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, que se negaron a abrir el debate. Ayer se cerró el análisis de las cuentas de 1997 y 1998; las anteriores quedarán definitivamente en el olvido por más señales de guerra con que el peronismo de hoy amenaza al peronismo de ayer.

Alberto Balestrini, Agustín Rossi y Néstor Kirchner.
Alberto Balestrini, Agustín Rossi y Néstor Kirchner.
El Congreso comenzó ayer a cerrar toda una etapa de la historia argentina reciente. Como corresponde al buen funcionamiento de los controles sobre el gasto del Estado -al menos los que quedaron con vida después de que Carlos Menem disolvió el Tribunal de Cuentas desde el 1 de enero de 1993-, ayer la Cámara de Diputados aprobó la cuenta de inversión de los años 1997 y 1998. Es la rendición que el Poder Ejecutivo hace al Congreso después de haber ejecutado cada presupuesto sobre cómo gastó, en qué, cómo se invirtió y el destino que se dio a ingresos y, en algunos casos, privatizaciones.

No se puede obviar que ese control, si se tiene en cuenta que anoche se aprobaron en Diputados -ya lo hizo el Senado-las rendiciones del 97 y 98, pierde eficacia por el paso del tiempo. Pero al menos hoy existe un análisis de lo que sucedió en esos años a través de los dictámenes que emite la Comisión Bicameral Mixta Revisora de Cuentas, órgano del que depende la Auditoría General de la Nación encargada de vigilar esas cuentas. Hasta no hace mucho estaban pendientes de tratamiento hasta 10 cuentas de inversión hacia atrás.

Pero el funcionamiento ahora de ese control --aunque sea fuente de discusiones permanentes en el Congreso-no implica que todos los años anteriores estén aprobados. Por el contrario, el tramo más complicado del gobierno de Menem terminó cayendo en el olvido y sin aprobar por el Congreso, curiosamente por voluntad de oficialistas y opositores en cada instancia que se intentó tratar.

Son precisamente las cuentas de inversión de los años 1994, 1995 y 1996, que ya pasaron hace tiempo por la Comisión Mixta Revisora de Cuentas, fueron aprobados en el recinto del Senado y se trabaron en Diputados. Lo cierto es que en esa Cámara, sea para aprobarlas o rechazarlas, ni oficialistas ni opositores estuvieron nunca dispuestos a votar esas tres rendiciones de cuentas. Ni el PJ pudo nunca unificar posición para aprobar ese tramo central de la gestión de Menem, ni tampoco encarar la gravedad institucional que supondría para el Estado rechazarla, con las consecuencias jurídicas que podría eso acarrear.

El rechazo a tratar el tema sucedió ya en el gobierno de Fernando de la Rúa, durante el de Eduardo Duhalde los diputados del entonces oficialismo peronista armaron casi un escándalo en el recinto cuando se intentó someter la resolución para ratificar esas cuentas de inversión y tampoco hay voluntad de hacerlo en la actual administración.

El origen de tanta resistencia es obvio: dentro de esas cuentas se encuentran las rendiciones del principal período de las privatizaciones, venta de inmuebles del Estado y las principales concesiones.

Las tres cuentas de inversión polémicas pasaron por la Auditoría General, luego por la Comisión Revisora de Cuentas e incluso fueron votadas en el recinto del Senado. Técnicamente en este momento se encuentran pendientes en la orden del día de Diputados, después de haber «rebotado» dentro del recinto en varias ocasiones, siempre con polémica de por medio.

La solución a ese entuerto, como en todo gobierno peronista, pasa ahora por una decisión política mas que técnica. Después de tantos intentos por aprobar o rechazar esas cuentas el peronista decidió simplemente dejar el tema de lado. Es decir, argumentar que ha pasado tanto tiempo desde que el Senado las votó que ahora perdieron estado parlamentario y, por lo tanto, habría que iniciar todo el proceso de revisión nuevamente, algo que consideran imposible. Por lo tanto, esos expedientes pasarondefinitivamente al olvido, con el consecuente alivio para quienes deberían tomar la decisión de aprobarlas o rechazarlas.

Desde el radicalismo tienen un opinión bastantedistinta. Argumentan que las resoluciones de la Bicameral no caducan y que siguen estando en condiciones de ser tratadas. Pero no todos los senadores y diputados de ese partido están dispuestos a sostener públicamente esa postura.

El tema forma parte ya de un debate mítico en el Congreso entre dos amigos-enemigos de siempre: el peronista santafesino Oscar Lamberto y el radical mendocino Raúl Baglini, los dos hombres que más influyeron en técnica presupuestaria en el Parlamento en los últimos 15 años.

«Yo lo dije en un congreso sobre controles. Hagamos un salteo y no tratemos nada», afirmaba ayer con ironía. «Si en las presidencias de Mitre, Roca, Avellaneda y Sarmiento no hubo cuenta de inversión, por qué va a haberla en la de Menem», remató.

  • Vigencia

    Lamberto, que preside la Mixta Revisora de Cuentas, no se toma la cuestión tan en broma y asegura que los dictámenes perdieron vigencia, solucionando de esa forma un dilema que ya se ha vuelto mítico en los pasillos del Palacio. Pero, como se dijo, con otros períodos se avanza. Anoche pasaron a la historias las rendiciones de cuenta del 97 y 98 pero por haberse aprobado siguiendo los procedimientos normales, toda una novedad en estos tiempos. El radical Alejandro Nieva aceptó el tratamiento alegando que ambas cuentas tenían aprobación de la Auditoría Nacional y el peronista Lamberto argumentó: «No podemos esperar que se resuelva este tema de las cuentas caídas para seguir aprobando las cuentas de otros períodos». Sólo hubo alguna protesta en el recinto por parte de Eduardo Macaluse, el ARI se negó a dar los dos tercios necesarios para debatirlas si antes no se debatían las pendientes del 94 al 96 y una mención al tema de Miguel Bonasso que terminó despertando carcajadas en el recinto: «Yo no le voy a votar las cuentas al corrupto de Menem», comenzó argumentando y luego precisó que no estaba dispuesto a convalidar una partida de gastos reservados por $ 800 mil que se había consignado en las cuentas que debatían. Fue precisamente en ese momento cuando se levantó una risa general y desde el bloque Justicialista Nacional le respondieron: «Esperá a que llegue la cuenta de 2004».
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