15 de octubre 2001 - 00:00

Peronismo suma ahora un cuarto presidenciable

Si los tres mosqueteros del peronismo que sueñan con la Presidencia en el 2003 (De la Sota, Reutemann, Ruckauf) mantienen cómodas sus expectativas luego de la elección de ayer, justo es admitir que al menos se reincorporó a esa terna un cuarto aspirante: Eduardo Duhalde. Porque dobló con holgura a su rival Alfonsín, en Buenos Aires -el distrito más importante del país-y debido a la intencionalidad de mostrar que también había sido importante el número de votos recogido. En rigor, a él se le destiñe el triunfo por la abrumadora abstención, impugnados y en blanco). No fue menos que Reutemann y De la Sota, aunque ellos no compitieron y en su lugar se ubicaron representantes no demasiado carismáticos (caso de Lamberto y Maqueda). El cordobés casi revalidó su reciente plebiscito, y Reutemann demolió a la Alianza aunque el voto protesta fue mayoría. Si bien Ruckauf no competía, igual se acopló a la victoria de Duhalde -dice que él salvó el Banco Provincia destruido por su antecesor-, aunque a él no le convenía que al ex gobernador obtuviera una victoria concluyente. Ahora son dos los postulantes del mismo partido por el mismo distrito, y ésa es una dificultad para quien no domina el territorio político.

El PJ repuso además otros gobernadores a la grilla, aunque siempre más considerados como posibles acompañantes en la fórmula, más que presidiéndola (no por razones de capacidad, sino por provenir de provincias chicas). Uno es el caso de Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), quien registró una formidable elección con casi 70% de los sufragios, perpetuando otra vez un dominio provincial sin antecedentes modernos. También fue óptima la performance de Juan Carlos Romero en Salta y la de Rubén Marín en La Pampa. Los tres en suma reverdecieron laureles, mientras que a este lote habría que agregar un electo senador, el misionero Ramón Puerta, siempre activo en todos los frentes del interior. Entre estos nombres -casi sin duda-saldrá la fórmula partidaria del 2003, Carlos Menem mediante.

En cuanto a los radicales y el 2003 (ya ni vale mencionar al Frepaso, aunque Aníbal Ibarra abona todos los días su aspiración), las elecciones de ayer no produjeron novedades; por el contrario, respaldaron el deterioro de la UCR en todo el país, no generaron ni una figura. Se salvó Angel Rozas -un protegido de Raúl Alfonsín, mérito que sirve para la interna, pero no para la general-quien en el Chaco venció ajustadamente. En verdad, quizás la única alternativa expectante al liderazgo de Fernando de la Rúa, quien si no continúa desmoronándose, pensará en el desierto por la reelección. Hasta entonces, con seguridad se ofrecerá Terragno, pero nadie lo ve como un eje futuro del partido. Sorprende, eso sí, la catástrofe bonaerense, bastión de poder radical que ni siquiera imagina un dirigente con posibilidades (hasta el propio Storani se sonríe cuando ve carteles de «Freddy Presidente»). Son, de Alfonsín a Moreau, irrecuperables para el gran público, tal vez resuciten a Juan Manuel Casella quien vive con un respirador artificial como embajador en Montevideo.

Descenso

Fue notable el descenso de los terceros partidos, por más que Elisa Carrió se apropió de ese título, quien ostenta un declive tan lastimoso como pareció extraordinario su ascenso. Ella apenas pudo armar un sello que recogió adhesiones menores y, por creyente, casi logra un milagro en La Pampa y la Virgen le depositó un senador por la minoría, el agnóstico Bravo. Por un magro margen lograba que la ciudadanía porteña no le cierre la puerta en las narices. El no voto, sea en blanco, impugnado y ausente, está claro que se opone a la política, a los dos grandes que polarizan el escrutinio, pero no hay señales de que ese repudio se canalice en el futuro a favor de la diputada especializada en denuncias. Al contrario, se diría que su variante de outsider responde a una franja ideológica que no es la que votó ayer en masa, espontánea, sin mandantes ni conducción, en todo el país.

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