La «concertación» imaginada por Néstor Kirchner para sumar a su candidatura vertientes del PJ y la UCR se está convirtiendo en un experimento demasiado conflictivo. No sólo puso en estado de fractura al radicalismo. Ahora está provocando estallidos aquí y allá en la fuerza del gobierno. El último acaso sea el más expresivo de la corriente de malestar que circula entre los peronistas: es el pronunciamiento de Miguel Pichetto, el domingo pasado, en Río Negro.
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Pichetto es el presidente del bloque de senadores del oficialismo en el Congreso Nacional. Forma parte de un estamento que comulga activamente con las políticas del Presidente y, en la medida que éste lo permite, integra también la segunda órbita de su sistema político. Desde esa posición, Pichetto dijo: «Si el modelo nacional del Presidente es compartir la concertación con el radicalismo, no será con mi persona». Agregó que Kirchner nunca le dijo que hay «que acompañar a este radicalismo que ha fundido Río Negro, me ha alentado que recorrer a la provincia y no me ha pedido nunca que me aparte, por lo que mi voluntad y convicciones están firmes de seguir trabajando. El gobierno (provincial) está viviendo la euforia y esta soberbia del gobernador de creerse un estadista, de estar construyendo el Tercer Movimiento. Vamos a ver hasta dónde llega esto, todavía falta tiempo».
Las palabras de Pichetto son significativas no sólo por el rol del senador en el aparato de poder oficial. También por sus características personales: antiguo menemista, se trata de uno de los ejemplos más notorios de cambio de orilla en la interna del PJ. Llegado Kirchner al poder, este abogado rionegrino se convirtió en uno de sus principales apóstoles, inclusive antes de que lo convocaran para serlo. Giro que le valió la denominación de «Piketo» en la grafía con que lo mortifican sus adversarios.
Distrito crítico
Estas condiciones hicieron que, hasta ahora, el caso Pichetto fuera visto como la clave de bóveda de todo el edificio de la concertación. Río Negro es el distrito crítico donde, acordar con los radicales, supone para Kirchner sacrificar a un peronismo verticalizado con su figura y bastante competitivo, aun cuando la UCR venga ganando el gobierno desde 1983.
La incógnita de cómo asimilaría Pichetto, permanente aspirante a la gobernación, esa iniciativa de Kirchner era una incógnita mayor que, por lo visto, comenzó a despejarse con sus declaraciones del domingo, dirigidas físicamente a un grupo de militantes de Viedma pero que tienen como destinatario real al propio Kirchner. Se suma Pichetto a una lista de disidentes del PJ, hombres que se ven sacrificados en la roturadora partidaria de la «concertación». Luis Barrionuevo, José Manuel de la Sota, el peronismo entero de Santiago del Estero y Mendoza e intendentes de esa fuerza de todas las comunas controladas por radicales ya habían hecho saber lo que ahora confesó Pichetto.
Incertidumbre
Con este malestar, los peronistas de distintos distritos comienzan a volver incierta la asociación con el radicalismo gubernista. ¿Qué garantías de orden le ofrece ahora Kirchner al gobernador Miguel Saiz? Es falso que el atractivo de la «concertación» para los radicales se reduzca al imán que ejercen los recursos fiscales, generosamente derramados en sus municipalidades y provincias. Hay otro factor que vuelve viable el acuerdo: el desistimiento del gobierno de promover figuras propias en esos distritos «opositores». Esta viga del pacto entre Kirchner y buena parte de la UCR es la que comenzó a corroerse con las manifestaciones de los líderes peronistas «sacrificados». Las de este fin de semana, salidas de la boca de Pichetto, obliga a mirar el fenómeno con mayor atención: las relaciones entre el Presidente y su partido podrían estar acercándose a una tormenta.
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