10 de junio 2005 - 00:00

Pide Kirchner que se haga ya el acuerdo con Duhalde

Aníbal Fernandez
Aníbal Fernandez
«Yo estoy abierto, esperando. Es posible un acuerdo... quiero que Duhalde se sume», dijo Néstor Kirchner. Carraspeó, se movió incómodo en el sillón, y se corrigió: «Pero... no quiero usar esa palabra: suena mal, a arreglo de cúpulas. La gente la asocia con otras épocas, otras prácticas políticas».

A oídos de los intendentes duhaldistas, las palabras del Presidente sonaron como un poema sublime. Al atardecer habían llegado a la Casa Rosada sintiendo un filo helado en el pescuezo: el temor de que Kirchner los sometería a decidir un lado del ring: él o Eduardo Duhalde.

Todo fue menos trágico. Al principio, el presidente los tentó con aportar a «su espacio» desde sus municipios -costura que ahora enhebra en persona- pero cuando los alcaldes reivindicaron a Duhalde y suplicaron un pacto, Kirchner se amansó y auspició la concordia en el PJ.

- Quiero que trabajen conmigo, que formen parte de mi espacio y que apoyen a Cristina como candidata. Yo soy un defensor de la institucionalidad y quiero que ustedes, como intendentes, me representen en los municipios
, encaró el sureño luego de los saludos y los chistes de rigor.

- Nosotros lo apoyamos, Presidente. Pero usted nos conoce, sabe bien de dónde venimos, nuestra pertenencia, somosdel grupo Lealtad. Nosotrosvamos a trabajar para un acuerdo, intervino Jorge Fernández, de Lincoln.

- Yo estoy abierto, esperando... Un acuerdo es posible, quiero que Duhalde se sume
--dijo Kirchner y, sin éxito, rastreó en la memoria un sinónimo del término-. Esa palabra (acuerdo) suena mal, a un arreglo de cúpulas. La gente la asocia con otras épocas, otras prácticas políticas», agregó en voz alta otra vez.

Y completó: «Pero apúrense: si se dilata la discusión, todos se cuelgan del Frente para la Victoria y yo quiero que sean los intendentes los que manejen el Frente, o cómo se llame, en los municipios».

Ahí los intendentes parecieron interesarse. Citados por la Casa Rosada, habían convenido asistir en bloque y antes consultarlo con Duhalde. « Tienen que ir», avisó «Negro» y sobreactuó con calma: «Está todo bien, vamos a arreglar. Pero... primero la provincia», armó un slogan.

El primer respiro se los transmitió el ministro del Interior,
Aníbal Fernández, que los atajó en su despacho -junto al oficialista varelense Julio Pereyra antes de entrar a la oficina de Kirchner. «Todos estamos remando para un acuerdo», se sinceró el quilmeño.

Luego
Alberto Fernández inyectó otra dosis de pacificación. «Hay que resolver esto pronto.Yo creo que (Kirchner y Duhalde) se van a entender pero tiene que ser ahora», tanteó el jefe de Gabinete, uno --por convencimiento o rol-de los mayores promotores del pacto inter-PJ.

Ante eso, las palabras de
Kirchner considerando « posible» -no definitivo-un pacto, sonaron a revelación. Eso lo entendieron, al menos, los invitados:Rubén Golía (Chacabuco),-Andrea García (Ameghino),-Alexis Guerrera (Pinto), Juan Carlos Geloso ( Arenales), Carlos Erreguerena ( Balcarce) y Juan Knesevich ( Madariaga) y el linqueño Fernández.

Ese contingente -primera avanzada de jefes del interior, ligados a Duhalde, luego de que
Kirchner convocó caciques del conurbano, radicales y vecinalistas-aprovechó para castigar a Felipe Solá.

García: Sabe qué pasa, Presidente. Que nosotros quedamos excluidos del armado político provincial que Solá armó en su nombre. El trazó una raya y nos dejó afuera
.

Fernández: Y fíjese quién quedó de cada lado: usted ganó en los pueblos de los que ahora estamos afuera mientras en aquellos lugares que dicen estar con usted, en 2003 perdió.

Erreguerena: En Balcarce, el representante de ese sector es el «Patón» Pérez, que fue candidato de Menem.


Kirchner: Yo lo que quiero es la gobernabilidad de la provincia. Yo me comprometí ante Felipe a darle esa tranquilidad. Por lo demás no se preocupen.

Alguien aportó entonces que el apoderado del FPV será
Carlos «Cuto» Moreno, un kirchnerista químicamente puro. «¿Tienen miedo de que los dejemos afuera? Con eso ( Moreno como apoderado) ¿qué otra garantía quieren?», preguntó el Presidente ya un poco incómodo.

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