9 de agosto 2007 - 00:00

Piqueteros y macristas escucharon a Bergoglio

Gabriela Michetti y Raúl Castells ayer a la salida de la Catedral Metropolitana en donde elarzobispo porteño, Jorge Bergoglio, celebró el Día de San Cayetano y sostuvo «que con trabajono hay esclavos, ni clientes de nadie».
Gabriela Michetti y Raúl Castells ayer a la salida de la Catedral Metropolitana en donde el arzobispo porteño, Jorge Bergoglio, celebró el Día de San Cayetano y sostuvo «que con trabajo no hay esclavos, ni clientes de nadie».
Jorge Bergoglio encabezó ayer una auténtica misa piquetera para Raúl Castells y sus seguidores, donde reiteró su pedido de más trabajo y criticó el clientelismo político de cada año electoral.

Además del barbado piquetero del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados, también asistió a la Catedral Metropolitana la electa vicejefa de Gobierno porteño, Gabriela Michetti. Lejos del sudor popular, Mauricio Macri continuó en México su gira para atraer inversiones a la Capital Federal.

Bergoglio basó su mensaje en la importancia de la dignidad, y advirtió que «no se negocia», además, en una crítica directa al sistema de reparto de planes sociales, que eternizan la existencia de sectores postergados como los piqueteros, exhortó a trabajar para que haya más empleo digno en el país, al presidir una nueva misa en homenaje a San Cayetano, patrono del pan y del trabajo.

«Con trabajo, no somos cliente de nadie, ni esclavo de nadie. Ustedes han venido aquí para proclamar la dignidad contra toda esclavitud y clientelismo, y para reconocer el valor de la familia y de la paz social», sostuvo el purpurado. Muy cerca del altar lo escuchaba Michetti, mientras que Castells y varios militantes del MIDJ coparon la nave central del templo.

Bergoglio insistió en que, además de pedir trabajo, es « importante trabajar para que haya trabajo» en el país, durante un discurso en el que repitió varios de los conceptos que utilizó el martes en Liniers para criticar la dádiva, los privilegios y el injusto reparto de los bienes en tiempos electorales. El arzobispo porteño reiteró ayer que «cuando una sociedad basa el reparto de los bienes no en el trabajo sino en la dádiva o en los privilegios pierde el sentido de dignidad y rápidamente se vuelve injusta la distribución de los bienes».

  • Esclavos

    «Las personas en vez de ser dignas son transformadas en esclavos o clientes», puntualizó el arzobispo. E invitó a pedirle a Dios «la gracia de que se reconozca nuestra dignidad, de vivir en paz, de cuidar a la familia y de que haya trabajo», y reiteró su deseo de que «no falte trabajo».

    Esa frase motivó el aplauso de los fieles presentes, luego de lo cual Bergoglio recordó que «cada uno de los habitantes de la Ciudad tiene derecho a estar en esta casa, porque es la casa del Padre», en una tácita respuesta a Néstor Kirchner, quien lo acusa de tender puentes entre los líderes de la oposición desde que el jesuita fomentó un acuerdo entre Elisa Carrió y Jorge Telerman en las pasadas elecciones porteñas del 24 de junio.

    «Yo soy sólo el cuidador de esta casa, que es la casa de Dios», aseguró el prelado, quien con sus homilías por San Cayetano irrumpió nuevamente con un mensaje de fuerte contenido doctrinario, que tuvo su costado político y resonó en plena campaña electoral hacia las elecciones del 28 de octubre.

    En ese marco, y al finalizar la misa, Bergoglio saludó a Castells y a sus seguidores, a quienes les pidió que recen por él.

    La fuerte politización del Episcopado fue admitida ayer por el obispo de San Carlos de Bariloche, monseñor Fernando Maletti, quien reconoció que el cardenal dio «un mensaje político» en su última aparición pública en el Santuario de San Cayetano, pero que «no fue algo dirigido al gobierno». «Me parecieron correctas las palabras de Bergoglio con respecto al tema de la dignidad en el trabajo, y creo que ese discurso además de ser un incentivo para los fieles, es también un mensaje político», señaló Maletti en declaraciones radiales.
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