Todo fue en dosis reducidas: unas pocas y desperdigadas columnas de gremios amigos, empapadas caravanas fletadas desde el conurbano profundo y, los más ruidosos, dos contingentes de piqueteros K, enfrascados en su propia pulseada. En total, no más de 7 mil aplaudidores.
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La primera plaza -no computa la de la asunción con murgas y rock- de Cristina de Kirchner como presidente estuvo apenas poblada, lo que resaltó más las ausencias que los leales que fueron a soportar la lluvia. Ante una convocatoria menguada, la tormenta sirvió de excusa. El debut callejero del cristinismo, armado desde Puerto Madero a través de Oscar Parrilli, desnudó no sólo la precariedad para reunir multitudes sino, sobre todo, el pánico por el peligro de caos. De hecho, hasta último momento, se evaluó desactivar la movilización.
Esa indecisión, combinada con escarceos políticos, fue una de las razones que alejó a más de un sector kirchnerista de la plaza de los Dos Congresos el último sábado, donde a modo de bienvenida, militantes debían halagar con su presencia el mensaje de la Presidente.
Datos
Entre ausencias y fracturas, el debut placero de Cristina se diluyó. Algunos datos para explicar el fracaso y la dispersión:
El dato central fue la improvisación. Recién el viernes, algunas de las columnas que participarían de la movilización, se enteraron qué lugar -y para cuantos seguidores- tendrían reservado frente al Congreso. Los que conocen de logística en movilizaciones saben que apenas con 24 horas de antelación, «mover fuerte» no es sencillo y, sobre todo, incrementa el riesgo de que se produzcan incidentes, entre otros motivos, porque se flexibiliza -por la urgencia- el procedimiento de reclutamiento de marchantes.
La dilación fue, por caso, lo que dejó a Libres del Sur (LDS), el sector que comanda Humberto Tumini, fuera de la marcha del sábado. Recién el jueves a la noche, desde la Casa Rosada llegó la «orden» de movilizar. Llegaron tarde: el miércoles, en plenario interno, LDS había decidido no concurrir porque en la plaza habría gremios y columnas del PJ del conurbano con los que no tienen una relación demasiado amigable. Hay, de fondo, otra razón apenas voceada: LDS funciona como «aliado» del gobierno -además cuestionan la decisión de Kirchner de presidir el PJ- mientras que otros sectores, como el Frente Transversal de Edgardo Depetri, son «parte» del gobierno.
La impronta piquetera, sesgo que tomó la marcha en los últimos días, espantó a otros grupos, sobre todo gremiales, que mantienen un trato accidentado con las organizaciones de desocupados. De hecho, hubo pocos sindicatos: los más visibles fueron la UOCRA de Gerardo Martínez y UPCN de Andrés Rodríguez, dueto de « líberos». También, mixturados en la columna quilmeña que encabezó Francisco «Barba» Gutiérrez, había algunos sectores de la UOM. Adentro del recinto, en tanto, había otros caciques sindicales: Víctor Santa María (Suterh), Antonio Caló (UOM) y Jorge Viviani (Taxis), entre otros. Pero afuera, en la calle, los gremios perdieron la pulseada con los piqueteros.
Sin embargo, el frente piquetero tampoco estuvo unido. De hecho, hubo varias columnas aisladas: por un lado, la encabezada por Depetri y Luis D'Elía (FTV), que compartieron caminata primer gesto hacia la fusión de ambas organizaciones; por otro, la del Movimiento Evita que encabeza Emilio Pérsico. Entre ellos, la diferencia es cómo abordar el tema del PJ: Depetri-D'Elía reniegan del vuelco de Kirchner al peronismo y hasta planean una «asamblea» para plantear, dentro del kirchnerismo un espacio autónomo del PJ, mientras que Pérsico saluda la modernización que Kirchner promete inyectarle al partido. Será, de hecho, miembro del Consejo Nacional partidario.
Hay, entre tanto, movimientos y reacomodamientos en el planeta piquetero: la fusión FTV-Frente Transversal absorberá también a grupos menores, entre ellos Octubres y el PC Congreso Extraordinario, hasta 2007 parte de LDS, que dejó ese espacio por disidencias con los modos, críticos o autónomos, depende como se mire, del tuminismo frente al rumbo del gobierno. Por su parte, también se sumió a la movilización, el MUP de Federico Martelli, que reporta a Parrilli. Un escalón más abajo, con militantes prestados, apareció La Campora, agrupación que desde una especie de su clandestinidad legal, dicen que comanda Máximo Kirchner, mientras que la cara pública es Juan Cabandié.
Más visibles fueron los intendentes del conurbano que mudaron a algunos de sus punteros desde la periferia hasta el Congreso: Julio Pereyra (Florencio Varela), Baldomero «Cacho» Alvarez (Avellaneda), Juan José Mussi (Berazategui), Jorge Rossi (Lomas de Zamora) y Daniel Di Sabatino (San Vicente). Dispersos, inorgánicos, convocados sobre la hora, también perdieron la batalla del protagonismo con los piqueteros K, felices porque tendrán cargos en el gobierno.
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