Patricia Vaca Narvaja se entusiasmó ayer con un récord histórico que la involucra: ser la primera mujer que preside la Cámara de Diputados en la historia argentina. La realidad es que la kirchnerista cordobesa quedó a cargo de esa jefatura por el viaje de Alberto Balestrini a Brasilia junto a Néstor Kirchner, en un momento en que los diputados se encuentran en receso de verano y por lo tanto la actividad es prácticamente nula. Pero, legalmente, se debe reconocer a Vaca Narvaja el hecho histórico.
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Más aún cuando la realidad parlamentaria indica que más sui géneris que su acceso temporal a la presidencia, fue su nombramiento como vicepresidenta primera de la Cámara ni bien ingresó al cuerpo. Una regla no escrita, pero nunca violada en el Congreso, indica que los diputados y senadores no ocupan cargos jerárquicos ni presidencia de bloques o de comisiones en sus primeros dos años de mandato. Esta vez Néstor Kirchner echó por tierra esa costumbre no sólo en el caso de Vaca Narvaja.
Desde su despacho del tercer piso, la kirchnerista, de todas formas, intentó esta semana darle actividad a su cargo. Por ejemplo, se metió en un tema espinoso al mantener conversaciones con referentes del oficialismo para avanzar en la conformación de las comisiones parlamentarias y en la resolución del trámite legislativo de algunos de los proyectos que quedaron pendientes del año pasado, entre ellos, el polémico que promueve reformas al Consejo de la Magistratura.
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