Foz do Iguaçú (Reuters) - Si hay alguien que es señalado por la policía paraguaya y, extraoficialmente, por la embajada estadounidense en Asunción como la encarnación del terrorismo internacional en Sudamérica, ése es el comerciante libanés Assad Ahmad Barakat.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Barakat, de 34 años y quien afirma ser inocente, tiene tres órdenes de captura en su contra de la justicia paraguaya, pero vive tranquilamente en una casa de clase media del lado brasileño de la llamada Triple Frontera, que Brasil comparte con Paraguay y la Argentina, en el sudoeste del estado de Paraná. «Yo no soy terrorista --aseveró Barakat durante una entrevista-. Soy simpatizante de Hizbollah (Partido de Dios), que es un partido político, no es terrorista y nunca promovió un ataque fuera del Líbano.»
«También soy simpatizante de Al-Mukawama (A la Lucha Armada, brazo armado de Hizbollah) como el ciento por ciento de los libaneses. Ellos consiguieron echar a los que invadieron nuestras tierras, pero no soy ni fui financista de ninguna de estas organizaciones», añadió.
Washington ha considerado desde hace mucho tiempo a Hizbollah como un grupo terrorista y cree que, entre otros ataques contra intereses estadounidenses, estuvo detrás de un atentado explosivo suicida contra un cuartel que en 1983 mató a 241 infantes de marina de los Estados Unidos en Beirut. Luego de los atentados del 11 de setiembre en los Estados Unidos, Washington puso al Hizbollah en su lista de grupos terroristas. En tanto, Líbano y Siria defienden a Hizbollah como un movimiento de resistencia nacional legítimo que ayudó a poner fin a la ocupación de 22 años del sur libanés por Israel, que finalizó en 2000.
El fiscal paraguayo Carlos Cálcena, especializado en terrorismo, acusó a Barakat de recaudar dinero para acciones de ambas organizaciones, y libró tres órdenes internacionales de captura en su contra, que Brasil se negó a corresponder por considerar que carecen de sustento. Un funcionario de alto rango de la embajada estadounidense en Asunción, quien pidió no ser identificado, aseguró, por su parte, que «Barakat es un hombre peligrosísimo».
«Me están investigando porque en Paraguay ya me acusaron tanto, que los Estados Unidos tuvieron que poner finalmente el ojo en mí -afirmó Barakat-. Pero la verdad es que soy una víctima de persecución en varios sentidos.»
«Esos encapuchados (policías antiterroristas) entraron a mi negocio en Ciudad del Este y se llevaron todo: la caja fuerte, las computadoras, la mercadería, la recaudación del día y a mis dos empleados», añadió. Mazen Alí Saleh y Salah Mahmoud Fayad, empleados de Barakat, están detenidos desde el 5 de octubre en Asunción acusados de posesión de documentación falsa.
La policía paraguaya se incautó de un presunto pergamino de reconocimiento a sus aportes para la causa panárabe, y de material audiovisual crítico hacia la política de los Estados Unidos en Medio Oriente, imágenes de atentados suicidas y arengas panárabes.
«La verdad es que yo tenía cintas grabadas de Al-Mannar (El Faro, un canal de cable regional) con imágenes de la guerra en el Líbano, pero eran de mi uso personal», sostuvo Barakat. «Yo leí 'Mi lucha', de Hitler, y eso no significa que yo sea nazi, por ejemplo.» «Además, no pueden esperar que -sólo para quedar bien-yo apoye a quienes invadieron mi país. Eso no es justo», agregó.
Según Barakat, sin embargo, «el problema es que la policía antiterrorista paraguaya es mal informada por sus espías libaneses». «Ellos dicen cualquier cosa para quedar bien con la policía, para atacar a los que se llevan mal con ellos, y así justificar lo que se les paga para espiar -sostuvo-. Yo soy víctima de un libanés que cobra 1.000 dólares por mes para acusar a la gente.»
Dejá tu comentario