José María Díaz Bancalari, «el Mono», no puede creer todavía que, a esta altura de su vida, después de años de militancia política, instalado como está en la presidencia del bloque del PJ de Diputados y habiendo pasado casi dos décadas al lado de Duhalde, pueda estar en el trance que atraviesa en estos días. Todo, por aspirar a presidir el PJ de la provincia de Buenos Aires, ofreciéndose como prenda de pacificación entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde.
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En efecto, Díaz Bancalari se lanzó a disputar un puesto de conducción que para la mayoría de los políticos lugareños es tan inocuo como un caramelo de plástico. ¿Quién puede emocionarse por encabezar una institución que, como se sabe, tiene su jefatura escriturada a nombre de otro, en este caso, Duhalde? Respuesta, «el Mono». Así comenzó a recorrer la provincia seduciendo a punteros de pueblo, con el halo de poder que emite su condición de jefe del bloque peronista y sus habituales travesías internacionales con Kirchner (el Presidente se divierte con él y agasaja a su entorno, abrazándolo por la espalda a la altura de la cintura, posición desde la que comienza a realizar gestos que divierten mucho a los santacruceños). Tuvo bastante éxito Bancalari.
Será por esto último, seguramente, que una mañana recibió la visita de Hugo Curto. Para el diputado por San Nicolás fue como ver a la parca. Curto es el intendente de Tres de Febrero a quien Duhalde le confía las manualidades de la política interna. Además, es el tesorero de la UOM, sindicato que para el jefe de los diputados peronistas es una especie de casa-cuna. En el peronismo de San Nicolás no se inventó una forma de hacer política ajena a los metalúrgicos desde la fundación de SOMISA. No era un buen augurio la visita de Curto, como quedó demostrado después del saludo. Ni el intendente del conurbano ni Díaz Bancalari fueron dotados con el don de la oratoria. Así que con un par de frases quedó liquidado el asunto: «Tenemos que ir a ver a Duhalde, 'Mono'. Hay que pedirle que sea jefe del partido», dijo Curto. «Sí, tenemos», contestó Bancalari. No es que se hubieran entendido, ya que el diputado, antes de lanzarse a su aventura, había controlado si sus afanes eran aceptables en la casa de los Duhalde. Le pareció que sí, cuando «Negro» le dijo «metele», delante de Chiche. Pero, por lo visto, hubo un malentendido. O le habían tomado el pelo.
Nada de esto se pudo verificar en la cocina de Lomas de Zamora cuando Díaz Bancalari fue invitado por Curto a suicidarse en su objetivo bonaerense. «Queremos que seas el presidente del PJ en la provincia», balbuceó delante del ex mandatario, esperando que éste le dijera que eso ya había sido hablado y que el cargo le correspondía a él. Frustrante, Duhalde apenas dijo: «No, hablemos más adelante de esto, es muy temprano, vamos a ver, vamos a ver...». «El Mono» se marchó confundido, hasta la mañana siguiente. Temprano, rodeado de cigarrillos, el mate y los diarios, el presidente del bloque de diputados del PJ escuchaba la radio.
• Decidido
De pronto, la voz del locutor informaba que «está decidido que Eduardo Duhalde será el titular del Partido Justicialista en la provincia de Buenos Aires, con el diputado Díaz Bancalari como vicepresidente». Los que pronosticaban ese cuadro eran, en ese cable, Antonio Arcuri y Oscar Rodríguez, dos duhaldistas biológicos, de esos que odia Carlos Kunkel. Se dio cuenta el jefe de bancada de que su cabeza había rodado antes de erguirse. Además, lo de la vicepresidencia era una broma: antes debe conseguir que lo elijan delegado por la segunda sección electoral y, después, que el cuerpo general de delegados lo ubique en la vicepresidencia. Nada de eso puede suceder sin el aval de Duhalde.
El enredo del que fue víctima el encargado de conseguir las leyes que demanda el Ejecutivo se debe a su falta de información. Bancalari no está todavía al tanto de que en la primera semana de julio (dicen que en la alta madrugada, en una habitación del Hotel Iguazú, en la trastienda de la cumbre presidencial del Mercosur) Kirchner y Duhalde sellaron un pacto. Ese acuerdo tiene una cláusula preliminar: la Casa Rosada no asomará la nariz por la provincia, sino en acuerdo con el duhaldismo. Y Díaz Bancalari está sospechado de trabajar para los santacruceños disfrazado de bonaerense.
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