Promete De Vido
Brindis entre amigos, casi como viejos socios, de Julio De Vido con sindicalistas para festejar su continuidad en el gabinete de Cristina de Kirchner. Lo armaron los gremios del transporte alineados detrás de Hugo Moyano -que hace tiempo tienen oficina en su ministerio-, contentos por la posibilidad de mantener a su más poderoso aliado en el gobierno. Agradecido, el ministro confirmado devolvió la gentileza: prometió trabajar para unificar a las tribus dispersas y enemistadas del gremialismo. El gesto, que puede servirle a la presidente por asumir porque apunta a aquietarle la discusión salarial del año próximo, es asimismo una clara señal de respaldo para que Hugo Moyano logre ser reelecto, en junio del año que viene, como jefe de la CGT.
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Postales de una noche de sonrisas: Moreno y De Vido llegan al agasajo; atrasado por la TV, arriba Moyano; desde temprano,
Viviani y «el Caballo» Suárez, esperaron en la puerta como anfitriones.
Hay un metamensaje: contribuir a que se ordene el segmentado mapa sindical, arrimando a los «gordos» y los «líberos», y quizá al barrionuevismo, es el mejor aporte -y De Vido trabajará para eso- a que Moyano logre a mitad de 2008 su reelección como jefe de la CGT. No respondió el ministro a las insinuaciones del dueño de casa para que le facilitara el apoderamiento de los empleados del barco-casino de Costanera Sur.
Eufóricos, los moyanistas interpretaban ayer la cenaagasajo a De Vido como el primer paso, en firme, hacia la renovación del camionero en la cima del poder sindical. Al punto que no les importa lo que piense o quiera el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
En esencia, el ala dura, el antialbertismo del gobierno, estuvo en pleno en el SOMU: con De Vido, llegaron Ricardo Jaime -una señal para diluir los rumores de conflictos cruzados- y el controvertido Guillermo Moreno, trío al que Fernández quiso, sin éxito, tumbar.
A tono con la temática del gremio que prestó la casa, se sirvieron mariscos a granel y el plato final fue chernia a la rúcula. Vino y champagne, obvio. Gaseosa para Moyano, a quien su religión le exige proclamarse, y comportarse, como abstemio.
En la mesa principal, De Vido estuvo flanqueado por Moyano y Roberto Fernández, de UTA, un socio que se le escurría al moyanista pero que por intermediación del ministro ratificó su pertenencia al club del transporte.
Dispersos, en las tres mesas restantes, estaban el fraternal Omar Maturano, Juan Carlos Schmid, el panadero Abel Frutos, Oscar Mangone de GAS y José Luis Lingieri, otro aporte que hace la Casa Rosada a la consolidación de Moyano en la jefatura de la calle Azopardo.
Sólo De Vido y el camionero -que llegó tarde, demorado en un programa de TV donde lo cruzaron con Roque Fernández- hablaron. Saludos, agradecimientos, promesas cruzadas. Viejos amigos con planes para el largo plazo.
La euforia moyanista no respondía sólo a que con De Vido perdura en el gobierno su más sólido aliado, sino porque, además, garantiza que seguirán los subsecretarios «sindicales» en el área de Transporte, donde también está ratificado Jaime, según lo dio a entender el ministro.
Son cuatro, todos tributarios de jerarcas gremiales: los moyanistas Jorge González en Automotor y Ricardo Cirielli en Aerocomercial, Ricardo Luján -que responde a Schmid de Dragado- en Vías Navegables y Antonio Luna, de Ferroviarios, ladero de Maturano de La Fraternidad.
Ya pasadas las 12, luego de esperar que partan De Vido, Jaime y Moreno -que se entretuvo contando anécdotas sobre las charlas con empresarios en la negociación de precios-, el brindis final celebró esas continuidades que les garantizan tropa propia en el torrencial festival de subsidios.




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