Chrystian Colombo no logró la foto, pero confiaba mucho en la cita en Iguazú, que se coronó en la magnífica suite presidencial del establecimiento. Lo tanteó a Ramón Puerta el jueves por la noche. «¿Qué pasa si me aparezco en Iguazú?», pidió. «Somos gente educada, te vamos a dar de comer», le respondió el senador que además es su amigo.
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Lo esmerilaron un poco. Todos los gobernadores que llegaban al hotel de Iguazú fueron recibidos con honores protocolares y la banda de la Policía de Misiones. Cuando arribaba Colombo junto a su vocero los sacaron corriendo, y los gobernadores se escondieron todos en un salón. Colombo bajó, vio algunos instrumentos de banda en el suelo y entró en el hotel. Nadie lo esperaba (lo fue a buscar al aeropuerto un ministro de Rovira) y tuvo que buscar solo el restorán. A la mañana siguiente tampoco hubo nadie para despedirlo. Qué sacó cada cual:
1. Colombo consiguió hablar con 10 gobernadores juntos. El trío de las provincias grandes sigue prefiriendo entrar en la Casa de Gobierno (Ruckauf lo hizo el viernes; De la Sota y Reutemann habían estado el jueves).
2. Los gobernadores del Frente Federal demostraron que son interlocutores políticos de primer nivel y que no se sindican ni en Menem ni en el trío de los grandes.
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