15 de mayo 2003 - 00:00

Quién es quién en el universo Kirchner

Hay solamente una minoría, ínfima, para la que Néstor Kirchner, el próximo presidente de la Nación a partir del 25 de mayo, no representa una incógnita. Es lógico. En principio, se trata de un dirigente de una provincia pequeña y nueva, de poca densidad demográfica y cuyo entramado político es casi desconocido. Además, Kirchner realizó una campaña electoral muy breve, de instalación paulatina de su figura, pensada para competir en serio por el poder en las presidenciales de 2007. Agregó poco para el conocimiento de su figura el espaldarazo que le brindó Eduardo Duhalde y su ingreso en la recta final del ballottage.

El gobernador de Santa Cruz decidió a esa altura apostar a la desinformación como estrategia, de tal manera que votantes de Ricardo López Murphy, Elisa Carrió, Jorge Altamira o Patricia Walsh puedan servirse de él como instrumento para repudiar a Carlos Menem sin mayores contradicciones de conciencia. La táctica de Kirchner consistió en convertirse en una opción que, por anodina, equivaldría al voto en blanco con la ventaja de que los antimenemistas conseguirían la «yapa» de bloquear el camino del riojano.

Por estas razones, son pocos los que conocen que el grupo que llega ahora al poder, con el gobernador de Santa Cruz a la cabeza, es muy reducido y orgánico. Lo encabeza Kirchner, jefe indiscutido desde que se lanzó a la política interna del peronismo en 1983. Acaso sea la primera característica del nuevo mandatario: desconoce lo que es trabajar para otro y, aunque sea de ratón, siempre fue «cabeza».

Es innecesario subrayar el papel que ocupa, al lado de Kirchner, su esposa Cristina Fernández. Con dotes histriónicas y más dada a los libros y las elaboraciones téoricas que su marido -a quien cariñosamente regaña por su poca propensión a la lectura-, ella gravita por su propia actuación política más que por su situación conyugal. La primera dama santacruceña es la encargada de darles visibilidad y retórica a políticas que, en general, decide el nuevo mandatario, quien no cedería el cetro ni siquiera ante una mujer tan temperamental como la suya. Eso no quiere decir que la subordinación a Cristina no pueda ser una buena escalera de ascenso en este esquema de poder: es la vía que ensayaron, por ejemplo, Alberto Fernández -protocolarmente denominado «jefe de campaña»- o Miguel Núñez, el vocero.

• Gravitante

Hay otra mujer que gravita en la vida de Kirchner aunque ocupe un lugar menos espectacular: su hermana Alicia Margarita. La relación entre ambos es simbiótica, como si el llamativo parecido físico que revelan fuera también un vínculo anímico entre ambos. Casada con un ex sindicalista petrolero Armando «Bombón» Mercado -de quien terminó por separarse-, la mayor de los Kirchner controla la acción social de todas las gestiones del nuevo mandatario, desde los tiempos en que era intendente de Río Gallegos. Un lugar mucho más secundario ocupa la menor de los tres hermanos, Cristina.

El primer círculo fuera de la familia lo integra, indispensable y eficiente, Julio De Vido. Arquitecto nacido en Buenos Aires, fue desde 1991 ministro de Economía de la provincia y ahora ocupa la cartera de Gobierno, desde la que vigila toda la administración, en especial las oficinas de Hacienda y Pesca. En la primera De Vido ubicó a Waldo Farías y en la segunda, a Gerardo Nieto (la pesca es una actividad principal en Santa Cruz ya que la provincia otorga permisos a los barcos que realizan su actividad en las 12 millas más cercanas a la costa).

• Monitoreo

Es posible que De Vido sea el hombre en quien el nuevo mandatario deposita la mayor confianza administrativa. De modo discreto, ya recorrió las oficinas más sensibles del gobierno -la SIDE, por ejemplo-para monito-rear la agenda que encontrará su jefe. Allí donde esté, será decisivo en el nuevo esquema de poder que conocerá el país a partir del 25 de mayo. Un dato que ya debe haber registrado Roberto Lavagna.

El papel de De Vido no debería llevar a pensar que Kirchner ejerce el poder delegando facultades con soltura. Todo lo contrario: ejerce un control minucioso de cada decisión y mantiene relaciones punto a punto con sus subordinados, impidiendo cualquier conato de asamblea. Acotado por esa diná-mica, otro planeta de ese sistema solar es Daniel Varizat. Dedicado a la construcción como maestro mayor de obras, el actual titular de la Casa de Santa Cruz en la Capital Federal es amigo de su jefe desde la adolescencia. Fue senador -para completar el mandato de Cristina Fernández cuando ella pasó a la Cámara de Diputados-y en esa calidad trabajó en la legislación de Seguridad Interior e Inteligencia. Como De Vido, tampoco él sabía, por lo menos hasta hace un par de días, cuál sería su destino y hasta podría darse que deba regresar a la provincia a cuidar las espaldas de su compañero de andanzas juveniles.

En el sistema del nuevo presidente hay dos hombres que también gravitan, aunque no sean incondicionales. Dante Dovena es uno de ellos: entrador y sensato, fue diputado nacional a fines de los '80, tiempos en los que trabó relación con José Luis Manzano y su grupo desde la presidencia de la Comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados. Kirchner lo respeta, aunque tenga ciertos recelos en exponer a Dovena en la primera fila. Otro colaborador de los que se animan a objetar al jefe es Carlos Zanini, el actual presidente de la Corte santacruceña. Fue ministro de Gobierno y presidente del bloque de diputados provinciales del oficialismo en la provincia y siempre dio sangre intelectual a las batallas de los Kirchner. Es posible que por esa función el presidente electo quiera llevarlo consigo a Buenos Aires.

Daniel Cameron revista en cambio en el club de los funcionarios de confianza pero de subordinación plena. Su expertise es central para el funcionamiento de Kirchner: conoce como pocos de Energía. Tanto que fue secretario del área con Adolfo Rodríguez Saá y, después, con Duhalde. Aunque abandonó enfadado la gestión actual cuando se resolvió aplicar retenciones a las exportaciones de petróleo y no el impuesto en boca de pozo que pretendían las compañías del sector. También Kirchner estuvo enemistado con esa decisión de quien después sería su principal padrino, tanto que llegó a enfrentar a Duhalde en una reunión de gobernadores con una virulencia que nadie había aplicado antes, al menos en público.

Entre las relaciones más cercanas al nuevo mandatario hay también figuras que no ejercen la función pública pero que hay que tomar en cuenta si se quiere comprender el nuevo entramado que ocupará Olivos. Una de ellas es Domingo Ortiz de Zárate, un ex desarrollista que fue socio de Kirchner en un estudio jurídico y, más tarde, fiscal de Estado de Santa Cruz. Abogado prestigioso, es un hombre de consulta permanente del gobernador aunque no ocupe un cargo, como su-cede ahora.

• Vínculos estrechos

En cambio, Rudy Ulloa, mano derecha del nuevo presidente en los tiempos en que trajinaba los tribunales como abogado batallador, es casi un familiar de los Kirchner, a tal punto que hasta compartió con ellos una cuenta bancaria. Un vínculo casi tan estrecho como el que tiene el nuevo jefe de Estado con Lázaro Báez, el síndico de la empresa constructora de Vittorio Gotti, Gotti SA. Como quería Levi Strauss, también en la Patagonia austral las relaciones de parentesco terminan siendo reveladoras. La hermana de Báez se volcó a la construcción al casarse con Diego Palleros, dueño de Palma Construcciones. Palleros vive hoy en Sudáfrica, con su padre. Este lleva su mismo nombre y se hizo famoso por denunciar que en la operación de venta de las armas que se enviaron a Ecuador y a Croacia un miembro del entorno de Menem le pidió una coima. Los universos, como se ve, se tocan.

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