Si hay lugares tradicionales en la Capital, quizás el Círculo de Armas sea uno de los más emblemáticos (aunque nuevas autoridades lo han modernizado y tal vez hasta le evitaron cierta decadencia económica habitual en las tradiciones). Lugar de sosiego para hombres ya que no entran mujeres -aunque se cuentan historias pícaras de mediados del siglo pasado-, cuna de la llamada oligarquía nacional, hoy en vías de parcial recuperación por los beneficios devaluatorios, de fuerte raíz antiperonista otrora, en los '90 aceptó recibir a Carlos Menem. Y ahora a Adolfo Rodríguez Saá.
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Casi un centenar de socios, en su mayoría de doble apellido como el sanluiseño, acompañó la tertulia -cerrada por la atención de un chef francés-y el candidato parecía otro de la misma grey, sea por su origen conservador (donde militó en épocas juveniles), la propiedad de algún campo o por integrar esas profesiones exitosas de las últimas décadas.
También era otro en relación con su famosa visita a la CGT, en mangas de camisa y rodeado por morrudos sindicalistas.
Con astucia provinciana deleitó los oídos de sus testigos hablando sobre la baja de impuestos, el fin de las retenciones y hasta eliminar las inundaciones que afectan los campos. Un repertorio a medida incluyendo su abarcativo proyecto «nacional y popular», tema en el que incurrió repetidas veces. Tanto que, por la insistencia en la idea, un asociado curioso lo interrogó: «¿Sabe que eso de nacional y popular suena a algo de izquierda?». A lo que Rodríguez Saá replicó, gesto de guiño mediante y logrando una simpatía ocasional en el auditorio: «¿Izquierda a mí?». Más tarde, el tema de la izquierda y el populismo volvió a la mesa, sin respuestas demasiado convincentes, ya que otro asociado mencionó colaboradores del candidato. Fue un detalle en una mesa cordial.
Después, al continuar en su discurso para pocos, el postulante presidencial planteó la necesidad de recuperar el proyecto de la generación del '80 (para alegría de los presentes) y enlazarlo con las iniciativas populares de hoy (menos entusiasmo). Finalmente, concluyó su visita sin convencer demasiado pero sin ganarse desaprobaciones. Aunque algunos no parecían entender que ese mismo hombre, tan cómodo en ese Círculo, esta semana se anote en una movilización piquetera para promover la libertad del dirigente Raúl Castels. Es que la «marcha de los sueños» obliga a todo tipo de experiencias y hay gente que todavía no alcanza a comprender la posible simbiosis entre « la generación del '80" y los reclamos de piquetes sin tierra, jubilados con magra remuneración y desocupados en busca de un plan de asistencia.
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