10 de mayo 2004 - 00:00

¿Retornó la estudiantina?

En ese enriquecedor idioma político que suele usar Elisa Carrió cuando los gobernantes caen en actitudes adolescentes emplea la palabra «estudiantina», que aplicó años atrás a la renuncia intempestiva de Carlos Chacho Alvarez a la vicepresidencia de la Nación. El viaje de estos días del matrimonio Kirchner a Nueva York cae en esa «estudiantina» adolescente. No tuvo motivación valedera para iniciarse, cayó repetidamente en actitudes y comentarios absurdos, y terminó haciéndole mal a la imagen del dúo presidencial y al país.

«Ya no le creemos», confesaron banqueros en Buenos Aires a este diario, y esa imagen habían transmitido a las grandes sedes en Nueva York. La consecuencia fue que varias entidades enviaron figuras de segunda y tercera línea a su disertación en el Hotel Waldorf Astoria, donde llegó a afirmar que su gobierno «respetará más la seguridad jurídica que ninguno de sus predecesores». A algunos los convenció. A la mayoría no. Internacionalmente, Néstor Kirchner hoy está muy lejos de las expectativas de los más prominentes del mundo que cuando arrancó su mandato se sentaron a su mesa y fueron todo oídos para indagarlo, definirlo. Ahora pesan las desilusiones que provocó con sus bravuconadas, es evidente.

A los que convenció en esa disertación en el Waldorf los desilusionó también cuando se conocieron detalles de su siguiente discurso en la New School University, de tipo «progre», pero a la manera norteamericana con democracia y capitalismo pleno y opuesta a lo que llaman «conservadorismo republicano», por el partido de George Bush. Un error del embajador José Octavio Bordón al organizarle esto para halagar el izquierdismo del matrimonio Kirchner, cuando esa universidad no le agregaba nada y le despierta su sentimiento anti-Fondo Monetario, sus ya cansadoras críticas a gobiernos pasados en un país donde la norma política es que el que asume no critica, salvo raras excepciones, a sus predecesores ni éstos, en general, a sus sucesores.

La comunidad judía de Estados Unidos -también por consejo desde la Argentina donde hay sectores que igualmente desconfían de Kirchner- no le dio la distinción hablada por facilitar el acceso a la poca información oficial, de valor casi nulo sobre el ataque a la AMIA. En cambio, le obsequió un libro respetable sobre el judaísmo pero que se puede conseguir en la Argentina .

También los judíos de Nueva York tuvieron que escuchar de Kirchner un discurso donde se reiteró hacia el pasado -Kirchner vive en el pasado- aludiendo a la pésima investigación del atentado a la AMIA. La crítica hacia atrás es un latiguillo insistente del mandatario argentino que comienza a restarle credibilidad e imagen.

• Mal paso

Cristina Kirchner no se quedó atrás de su esposo en esto de expresarse como estudiantes adolescentes en lugar de mandatarios serios en un país como Estados Unidos que observa y juzga estos detalles.

La primera dama cayó mal en Atlanta en un reportaje ante la CNN cuando habló de jueces «que él (Carlos Menem) designó y que ahora lo reclaman» en la Argentina, referencia a Jorge Urso y Norberto Oyarbide, y de la posibilidad de que quienes juzgan sean designados por el primer mandatario a voluntad. Pero la embarró peor cuando junto a los reclamos para extraditarlo de Chile dijo de «Menem» que «es un sinvergüenza». Quedó claro que la primera dama de la Argentina no tiene imparcialidad y que eso influirá en la Justicia si llegan a juzgar al ex presidente.

Pero no se quedó allí Cristina Kirchner. Se atrevió a charlar con los máximos periodistas del poderoso diario «The Washington Post». «Mi marido sólo tiene relaciones carnales conmigo», dijo y ganó allí simpatía por aquella famosa frase del ya fallecido canciller del menemismo Guido Di Tella sobre que ese gobierno las mantenía así, carnales, con Estados Unidos.

Pero de inmediato la esposa del presidente argentino perdió imagen ante ese sagaz grupo de editores de un diario que derrumbó a un presidente de Estados Unidos, como sucedió con Richard Nixon en el «escándalo Watergate». Dijo Cristina que Estados Unidos nunca actuó bien en Irak y que la política del presidente George Bush allí fue «muy ineficiente». Posiblemente esos periodistas lo piensen también así pero descalifican a personalidades extranjeras que tengan tanta falta de tacto como para expresar críticas a Estados Unidos estando de visita. Los Kirchner se afectan por no tener o conocer códigos.

Por eso la prensa de Estados Unidos no le dio ninguna relevancia ni informó sobre la visita del mandatario argentino. Si el gobierno norteamericano lo supo ni intentó un acercamiento con los visitantes argentinos. Desde ya no el presidente Bush (que tras la declaración crítica seguramente no llamará más a Cristina Kirchner la senadora más linda) sino que ni siquiera se logró una reunión con Colin Powell, el secretario de Estado que sólo permanecerá unos meses más en su puesto, gane o no gane Bush el 4 de noviembre.

Localmente el domingo el dictado a columnistas de diarios volvió a coincidir en un aspecto: el gobierno no tuvo pero tampoco intentó un diálogo de alto nivel con el gobierno norteamericano en esta visita. Es falso. Se intentó para darle un mayor sentido al viaje y no se logró por lo cual los Kirchner no ganaron sino que desdibujaron imagen.

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