Dos afrentas de la dictadura de Fidel Castro contra ciudadanos argentinos no motivaron del gobierno de Néstor Kirchner, hasta ahora, una medida drástica de tipo diplomático como sería esperable que ocurriera. La médica Hilda Molina sigue sin poder ver a su familia argentina por una disposición arbitraria del gobierno de Cuba, a lo que se sumó esta semana la insólita negativa al ingreso del historiador José Ignacio García Hamilton para la presentación de un libro pese a que le habían dado una visa en la Embajada de Cuba en Buenos Aires.
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La Argentina será la invitada especial de la próxima Feria del Libro de La Habana y podría ocurrir una nueva ocasión para que el castrismo aplique sus métodos autoritarios, sólo que todavía quedarían más expuestos. Como quedó demostrado con el caso de García Hamilton, podría ocurrir el caso de que otros escritores o intelectuales argentinos que intentaran asistir a la muestra, se vieran impedidos de ingresar a la isla por una abrupta decisión de la burocracia cubana. Además, claro está, de las restricciones que pueden presumirse sobre los «libros subversivos» que viajaran a La Habana en la ocasión. La organización liberal Centro para la Apertura Democrática de América Latina (CADAL) alertó por nota al secretario de Cultura, José Nun, sobre el riesgo de avalar un nuevo avasallamiento, y lo alentó a condicionar la presencia argentina a la liberación de decenas de periodistas y escritores hoy encarcelados por la dictadura.
Tras la ofensa recibida, García Hamilton consideró ayer que «hay líderes en el mundo que se fabrican un fantasma de amenaza extranjera, que siempre es difuso, y les dicen a sus pueblos que los van a defender de la maldad exterior. Es lo que hacía Mussolini en Italia, Hitler en Alemania, y es un recurso muy usado en Latinoamérica», especificó.
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