12 de agosto 2008 - 00:00

Rodeado de ex ministros, Solá se sueña para 2011

Como a todo ex gobernador, a Felipe Solá le cuesta dejarla banda (el símbolo, claro). El hoy diputado reúne a variosex ministros para lanzar un proyecto presidencial en 2011.
Como a todo ex gobernador, a Felipe Solá le cuesta dejar la banda (el símbolo, claro). El hoy diputado reúne a varios ex ministros para lanzar un proyecto presidencial en 2011.
Temeroso de acechanzas y conspiraciones, Felipe Solá entrevió una emboscada del PJ bonaerense en la propuesta que Eduardo Duhalde le hizo llegar a fines de 2002 para que se convirtiera en su candidato a presidente.

Por entonces, Solá era gobernador de Buenos Aires tras suceder a Carlos Ruckauf y Duhalde un presidente interino que había renunciado a competir y buscaba, desesperado y a ciegas, un postulante propio para bloquear el, por entonces, probable regreso de Carlos Menem.

Solá se indignó con la sugerencia que supuso una trampa. Por eso reaccionó con referencias escatológicas como «me quieren cagar». Tiempo después, se lamentaría: «Y pensar que yo podría haber sido presidente» decía. Esa frase irritaba, como pocas, a Néstor Kirchner.

Sin esperarlo, ahora Solá comenzó a fantasear con una revancha. Y, a su lado, nucleó a buena parte del equipo de ministros que lo acompañó en la provincia hasta diciembre pasado. En ese club, hay una ausencia ostensible: el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

Como en los 90, la magia de la resurrección llegó de la mano del campo. Hombre de a caballo, Solá remontó del sopor al que lo quiso someter el kirchnerismo -lo bajó de presidir Diputados a la insípida Comisión de Ciencia y Tecnología- en medio del conflicto rural.

Su voto contra las retenciones, que justificó con un proyecto propio -que llevó al Consejo Nacional del PJ, aunque Kirchner rápida y con malos modos lo desechó- lo devolvió al juego. Y ahora, dice, no le para de sonar el teléfono. Y le llueven invitaciones.

A su lado, y él mismo, evitan decirlo abiertamente. Pero en la fantasía del ex gobernador y sus ex ministros, floreció la ilusión de un 2011 con brillo electoral propio. «¿Qué político no quiere ser presidente?» sonríen los felipistas, mientras hacen planes.

Miran, además, números: en teoría, las encuestas que leen le otorgan al ex gobernador niveles de imagen positiva que oscilan entre 50% y 60%. «Es uno de los cuatro o cinco que, en este momento, aparecen en el escenario presidencial de 2011. Pero nosotros no pensamos en eso» mintió un operador.

Lo argumentan con las invitaciones que le llegan de distintos puntos del país y que, como lo llevaron a Mendoza, harán girar al ex gobernador por Córdoba y Santa Fe en las próximas semanas además de volver a animar algunos encuentros en la provincia de Buenos Aires.

La coronación de esa « nacionalización» sería la concreción, todavía en suspenso, de un bloque de diputados con díscolos del PJ y radicales.

Cuatro ex miembros de su gabinete, integran la mesa chica.El ex ministro de Justicia Eduardo Di Rocco, el ex de Trabajo Roberto Moullerón, Raúl Rivara (Asuntos Agrarios) y Ricardo Bozzani, que fue secretario general de la gobernación, forman las task force felipista.

  • Encuentros

    Tuvieron, en las últimas semanas, varios encuentros preparatorios. La mayoría son, desde hace años, amigos personales del ex gobernador. Acumulan, además, cuotas de malestar con la Casa Rosada que los «tachó» de las boletas del FpV de octubre de 2007.

    Di Rocco y Rivara figuraban en un borrador como diputados nacionales y quedaron afuera. Moullerón medía como legislador provincial por la Quinta. Pero lo alcanzó la mano del verdugo K. Experto flotador, Bozzani fue el único que sobrevivió: hoy es senador provincial.

    «Lo llaman de todos lados, habla con todos» cuentan, eufóricos. Menos desde Casa Rosada: el último contacto con Kirchner fue dos días antes de la votación de las retenciones en Diputados.

    - Felipe: ¿por qué no levantás el teléfono y me llamás? -le dijo, de pasada, el ex presidente.

    - ¿Y vos no me podés llamar? -lo contrarió Solá. Después de eso, y la votación negativa del ex gobernador, no hubo más contactos. Es más: Solá se convirtió en el blanco preferido de los kirchneristas y hasta Randazzo, alguna vez su mano derecha, lo crucificó en público.

    Sin embargo, a pesar de cuestionar a Guillermo Moreno y los modos en que el gobierno manejó la crisis del campo, Solá prefiere pararse como un «colaborador» del oficialismo y se resiste, por lo tanto, a ser considerado un opositor. Al menos, él no se declara como tal. Dos interlocutores, en particular, resultan interesantes. Con Eduardo Duhalde mantiene diálogos periódicos. Pero no hay, por ahora, entendimiento. Solá estaría remotamente de acuerdo en compartir un espacio con el lomense si éste aceptase un táctico perfil bajísimo.

    Duhalde tampoco se fascina con Solá. Prefiere, dice, a Francisco de Narváez a quien imagina como primer candidato a diputado nacional de un armado peronista anti-K en 2007 en la provincia.

    El otro protagonista, con el que Solá, dice hablar es Daniel Scioli. Cuidadoso, llamativamente moderado, el ex gobernador evita cuestionar a su sucesor. Tuvo, incluso, la gentileza de avisarle a Scioli cada vez que participó de un acto o actividad en la provincia.

    Tiempo atrás, en la quinta de Solá en Pilar, compartieron una cena que se extendió por cuatro horas. Todo se explica: el ex gobernador entiende que cualquier proyecto requiere de un esquema de alianzas y, entre las posibles, aparecen Duhalde y, sobre todo, Scioli.
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