25 de octubre 2001 - 00:00

Se anotaron ya seis para la jefatura del PJ Capital

El peronismo de la Capital Federal irá a las urnas en marzo del año que viene para elegir una nueva conducción partidaria para la que hay ya una larga fila de postulantes. La división de los candidatos de ese signo en dos listas (Liendo-Scioli y Béliz-Roy) en la última elección les hizo acariciar la posibilidad de una victoria impensada hace unos pocos meses: si hubieran sumado en el escrutinio las dos boletas, hubieran ganado con 27%.

La señal para abrir el juego se la dio el presidente del partido, Carlos Menem, a la interventora en el distrito, la mendocina Ana Mosso. La fecha es marzo del año que viene, y la intención es salir al cruce de la anunciada intención de Eduardo Duhalde de capturar para su espacio el distrito Capital. Ganador cómodo de la elección a senador nacional por Buenos Aires, Duhalde entiende que la construcción de su perfil presidencial para 2003 necesita de una proeza. Como le gustan las proezas prefabricadas, quiere subirse al fenómeno del ascenso del peronismo porteño.

Eso es lo que han escuchado, como descripción de su principal proyecto político, quienes han visitado a Duhalde en la última semana. Lo ven especialmente informado sobre la suerte de los peronistas de la Capital hasta la minucia. Tanto que le atribuyen haberse calificado como el «interventor natural» del PJ porteño.

Porque saben todo esto, Menem y Mosso decidieron en un aparte del asado de la noche del martes en Don Torcuato, con legisladores y dirigentes menemistas, ponerle la fecha a la interna. Es la manera de adelantarse a los plazos en que planea Duhalde - presidente del Congreso del PJ- desalojarlo al riojano de la presidencia partidaria.

Los postulantes a presidir el PJ de la Capital son hasta ahora seis, y cada cual con su morral de sueños:

• Daniel Scioli
es el ganador partidario de la elección en la Capital. Nadie creía mucho en su chance hasta que Menem-Mosso urdieron la alianza con el cavallismo, que puso de candidato a Horacio Liendo. Este quedó lejos de la banca de senador, pero aportó votos en parroquias vitales, como Socorro (20ª) que es la misma de Fernando de la Rúa, José María García Arecha y Enrique Olivera. Ahora Scioli tiene los títulos como para reclamar, con banca reelegida, la presidencia partidaria.

• Carlos Grosso
, por la vuelta, arrancó con el método extravagante -como toda su biografía política- de los «cabildos abiertos» que han atraído a personajes que aportan de todo menos votos. El sábado estuvieron los «gordísimos» Rodolfo Daer y Hugo Moyano, pero el ex intendente espera mejorar el elenco convocando a protestas ciudadanas y vecinales, parecidas a las que le costaron la cabeza como intendente (guerra de los sensibles de Palermo por el golf o el zoológico). Tiene méritos incuestionables: fue el creador de la idea de que el distrito Capital dejase de ser coto de caza del peronismo nacional y lo alambró con el mismo criterio de los caciques de otras provincias.

• Miguel Angel Toma
. Figura entre los últimos dinosaurios de lo que se llamó el «sistema» de la Capital, muertos Eduardo Vaca y Marcos Raijer. El otro supérstite de esa banda es Carlos Corach, enlace entre todas las veredas del peronismo y, en esta batalla, entre el duhalde-ruckaufismo y Don Torcuato.

• Gustavo Béliz
. Ha pasado a la presidencia del club de los que se sacaron el prode y perdieron la boleta. Le ofrecieron todo para ser el candidato del PJ en la última elección, pero puso la condición de que Irma Roy fuera la primera diputada. Scioli puso lógicamente delante sus pretensiones de ocupar esa nominación; Béliz terminó afuera, se peleó por cuestiones de cartel con Roy y ésta terminó arrastrándolo a la derrota. Tan perdido está que no entiende todavía la conveniencia de pelearle en la Justicia la banca que le cede a Alfredo Bravo sumando éste -en discutible proceso- los votos de la lista del peronista Juan Carlos Dante Gullo. Hoy cavila solitario en una oficina de la sede Pilar de la Universidad Austral en el mismo piso que otro político retirado, Juan Llach.

• Diego Guelar
. Este ex ruckaufista es el modelo del peronista metropolitano, raza que entiende que es lo mismo hacer política en la Capital que en Buenos Aires, cuando es algo totalmente distinto. Lo prueba la suerte, por ejemplo, del propio Guelar, que ha pasado de ser árbitro del peronismo en los años '80 -fue jefe del bloque de diputados- a embajador de Menem; de ahí a secretario de Ruckauf, luego asesor y hoy vecino raso del distrito. Se lo respeta mucho, y ahora busca volver como jefe del PJ.

• El último anotado es el propio Argüello, que une a sus fidelidades la de Ruckauf, la de Duhalde, la de Néstor Kirchner -cada vez más cerca de Aníbal Ibarra tras lo que Antonio Cafiero bautizó «el peronismo que viene» y lealtades más aldeanas. Es un Béliz con barba, pero no ha logrado desplazarlo pese a su contracción al trabajo -inmensa frente a la haraganería de aquél, al que se le va la vida buscando atajos en un oficio como la política, donde no los hay-.

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