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•Desacuerdo
En el bolsillo, a partir de la sanción de la ley, un diputado de la Ciudad recibiría alrededor de $ 4.000 de acuerdo al nivel de descuentos que tuviera, mientras que Ibarra se quedaría con $ 4.800.
En cambio trataban de equiparar a los directores del banco con los sueldos de los ediles. Los ejecutivos del Ciudad reciben $ 13.000, más algunos privilegios, como una tarjeta de crédito con $ 5.000 para gastos en viajes oficiales al exterior. Con respecto a un cajero, la relación es uno a trece, ya que el último ronda los $ 1.000, pero según los directores del Ciudad «en la actividad privada esa relación es uno a 25».
•Lamento
«Nos presentaremos a concurso para directores de sucursal, que van a ganar más que nosotros si se aplica la rebaja», se lamentaban los ejecutivos porteños, que aducen «no cobrar del presupuesto de la Ciudad, sino de recursos que genera el banco».
Por otra parte, para seducir más a los caceroleros, los ediles avanzarán en eliminar distintos tipos de gastos, como celulares y vehículos en todas las reparticiones públicas, aunque los propios los contabilizan ya como erogaciones personales.
Curiosamente desde la izquierda se criticó la reducciones. El comunista Patricio Echegaray se opuso a la «reforma política de Duhalde-Ibarra», porque sostuvo que «se refiere al costo financiero político como presunto responsable de las penurias populares», aunque estuviera de acuerdo en cobrar menos dinero por mes.
También el demócrata Atilio Alimena consideró un «acto demagógico la medida». A cambio proponía la eliminación de contratos políticos, es decir, los gastos de sostén de la actividad partidaria que nadie quiere revelar, pero que todos los legisladores conocen.




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