20 de febrero 2002 - 00:00

Se bajan la dieta por miedo a los cacerolazos

Castigaba anoche la Legislatura porteña a los directores del Banco Ciudad, intentando rebajar sus honorarios 70%.

Los legisladores debatían una ley anti-cacerolazo, consistente en la reducción de sueldos y gastos, que creen podría evitar que sean sometidos a la queja pública del momento.

Como autocastigo, al parecer, los ediles se esforzaban en bajarse los sueldos, pero con una cláusula «arrastre» que termine adelgazando los bolsillos de toda la administración porteña en cuanto a cargos políticos se refiera (incluidos organismos descentralizados y Poder Ejecutivo).

La norma, impulsada por el radicalismo, se terminó de redactar ayer mismo al mediodía en reunión de Labor Parlamentaria, con discusiones diversas sobre necesidades y montos, pero con el eje central de que funcione como enganche para todos los organismo públicos de la Ciudad. De paso, se proponía la reducción de los honorarios de los directores del Banco de la Ciudad de Buenos Aires, ventilados tras el episodio que terminó con la renuncia de una directora.

•Desacuerdo

Ese fue el párrafo de la ley que provocó mayor desacuerdo. La propuesta, que vino de la UCR, desató la queja en la sede financiera de Florida y Sarmiento, donde el directorio del banco tiene sus despachos.

Los legisladores actualmente perciben $ 6.400 sin descuentos, mientras que la nueva planilla los llevará a recibir 90% del sueldo de Aníbal Ibarra. Este cobra algo más que los diputados, pero estaría esperando que se sancione la ley para bajarse su sueldo y el de los secretarios de su gobierno porteño.

En el bolsillo, a partir de la sanción de la ley, un diputado de la Ciudad recibiría alrededor de $ 4.000 de acuerdo al nivel de descuentos que tuviera, mientras que Ibarra se quedaría con $ 4.800.

En cambio trataban de equiparar a los directores del banco con los sueldos de los ediles. Los ejecutivos del Ciudad reciben $ 13.000, más algunos privilegios, como una tarjeta de crédito con $ 5.000 para gastos en viajes oficiales al exterior. Con respecto a un cajero, la relación es uno a trece, ya que el último ronda los $ 1.000, pero según los directores del Ciudad
«en la actividad privada esa relación es uno a 25».

•Lamento

«Nos presentaremos a concurso para directores de sucursal, que van a ganar más que nosotros si se aplica la rebaja», se lamentaban los ejecutivos porteños, que aducen «no cobrar del presupuesto de la Ciudad, sino de recursos que genera el banco».

Por otra parte, para seducir más a los caceroleros, los ediles avanzarán en eliminar distintos tipos de gastos, como celulares y vehículos en todas las reparticiones públicas, aunque los propios los contabilizan ya como erogaciones personales.

Curiosamente desde la izquierda se criticó la reducciones. El comunista
Patricio Echegaray se opuso a la «reforma política de Duhalde-Ibarra», porque sostuvo que «se refiere al costo financiero político como presunto responsable de las penurias populares», aunque estuviera de acuerdo en cobrar menos dinero por mes.

También el demócrata
Atilio Alimena consideró un «acto demagógico la medida». A cambio proponía la eliminación de contratos políticos, es decir, los gastos de sostén de la actividad partidaria que nadie quiere revelar, pero que todos los legisladores conocen.

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