23 de noviembre 2000 - 00:00

Se consiguió un alto acatamiento al paro gremial

El gobierno admitió que el paro de 36 horas iniciado al mediodía de ayer por la CGT disidente y la CTA se desarrolló con absoluta tranquilidad, de acuerdo con lo manifestado por el jefe del Gabinete de Ministros, Chrystian Colombo. Para hoy se aguarda un alto acatamiento a la medida de fuerza, a la que se sumará la CGT oficial de los "gordos", debido fundamentalmente a la falta de transporte, tanto automotor como ferroviario. En ambos casos los gremios se han negado a prestar colaboración para diagramas de emergencia. La Capital Federal fue escenario ayer de numerosos cortes de avenidas -lo mismo que en el interior del país-, nueva forma de agitación descubierta a partir de la falta de convocatoria a grandes movilizaciones. Entre 10 y 100 personas son suficientes para cortar el tránsito, como pasó ayer en la avenida General Paz y Constituyentes, creando un caos entre quienes circulan. Los protagonistas fueron los estatales de la CTA, que a partir de las 12 abandonaron sus lugares de trabajo. Mientras la cámara de transporte automotor de pasajeros denunció atentados en 250 colectivos, el gobierno -garante de los servicios públicos-dispuso que se indemnizarán los desmanes. El disidente Hugo Moyano encabezó una magra manifestación frente al Congreso y terminó hablando bajo un aguacero, que dispersó a los activistas. Desde el gobierno se sigue atentamente la evolución del paro y tanto la Policía Federal como la Gendarmería están listas para intervenir en cualquier lugar del país. Hubo duras críticas de la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, contra la CGT oficial, que regentea Rodolfo Daer, a la que acusó de presionar por la desregulación de las obras sociales a través de su adhesión al paro. Triunfó la estrategia de amenazar con hechos de violencia para lograr apoyo. El gobierno no ayudó para alejar esos temores.

Pese a los pronósticos agoreros, alimentados por los propios dirigentes gremiales, las prime-ras 12 horas del paro iniciado ayer transcurrieron relativamente tranquilas. Tanto el jefe del Gabinete de ministros, Chrystian Colombo, como el viceministro del Interior, César Martucci, manifestaron que transcurrió tranquilo, « más de lo previsto», « no hay incidentes de envergadura que resaltar», afirmó el segundo a este diario ayer, cuando caía la tarde, aunque lamentando el paro. Para hoy se espera un alto acatamiento, a favor del paro de transporte.
Es más, hubo canales de comunicación abiertos entre el gobierno y la dirigencia rebelde de la CGT disidente que lidera el camionero
Hugo Moyano. Este avisó a Interior que se iba a levantar la olla popular programada para instalar ayer en Plaza de Mayo, y que se trasladaría a la Plaza de los Dos Congresos. Finalmente la meteorología obligó a acelerar varios actos y la lluvia torrencial que se descargó a partir de las 14 dispersó la mayor parte de las manifestaciones callejeras. Sin embargo, a partir del mediodía fue evidente el despoblamiento del centro de Buenos Aires, para desesperación del comercio en general.

Tanto la Federal como Gendarmería y Prefectura, más allá de los refuerzos dispuestos para evitar desmanes, se mantuvieron -y mantienen-acuartelados y no hubo que movilizarlos, como se temió la noche del miércoles. Tan dispuesto estuvo todo que Economía tuvo que girar fondos que se adeudaban a la Secretaría de Seguridad Interior para permitir los eventuales traslados de las fuerzas de Gendarmería. La Fuerza Aérea fue alertada y en El Palomar estaban listos para despegar los Hércules C-130 encargados del transporte.

Moyano
, en el colmo del oportunismo político y en franca competencia con «los gordos» de la CGT oficial que recién comenzaron su paro hoy a la 0 hora, anunció ayer a las 16 que la medida de fuerza era « espectacular». Actuó primereando para instalar en la opinión pública que la sociedad se había sumado en franco respaldo al paro que concluirá hoy a media-noche. Y que previsiblemente tendrá un alto acatamiento ante la falta de transporte -automotor de pasajeros, ferrocarriles, taxis y remises-, con negativas de los gremios de cumplir con diagramas de emergencia bajo amenazas de hechos violentos.

Sin embargo y continuando con una modalidad descubierta hace poco, ante el fracaso de las movilizaciones masivas, grupos poco numerosos de estatales de la CTA que encabeza el burócrata Víctor De Gennaro, cortaron a partir del mediodía de ayer avenidas en varios puntos de la Capital Federal, generando el caos vehicular habitual. En algunos de estos casos terminaron a la trompadas, como le ocurrió al diputado Humberto Roggero en Congreso cuando salió a apoyar el paro, o a una diputada radical en San Juan cuando hizo lo contrario (ver nota aparte).

En La Plata, Mar del Plata y en otros puntos del país se regis-traron cortes de ruta y la consiguiente quema de neumáticos, ofreciendo para las cámaras de televisión la imagen de un país convulsionado, cuando en la mayor parte sus habitantes estaban trabajando o en sus casas. En el Ministerio del Interior se siguió con atención un corte de la Ruta 9 en Zárate, donde entre 200 y 300 activistas la cortaron por un par de horas para luego retirarse.

Para el secretario de Seguridad Interior, Enrique Mathov -un hombre con larga militancia radical-el paro « pareciera más hecho a un gobierno dictatorial que a un sistema constitucional». Dijo que « un movimiento de esta naturaleza se justifica en situaciones donde el país vive una dictadura, donde la civilidad no tiene modos ni medios de expresarse».

El camionero Moyano tuvo que adelantar el acto en Congreso, ante la amenaza de lluvia que terminó empapándolo, y micrófono en mano volvió a embestir contra el gobierno. Ante unas quinientas personas pronosticó que con la actual política econó-mica «lamentablemente habrá más hambre y más miseria», pero advirtió que « también habrá más lucha». Fue allí cuando intentó contagiar de optimismo a quienes se mojaban inútilmente bajo la lluvia y estimó que el paro « es espectacular». Con discurso de barricada vociferó: « El Presidente dice por qué paramos. ¿Pero en qué país vive? ¿Quién le da los mensajes? ¿No mira televisión ni escucha radio? ¿Qué le pasa a este señor?», se preguntó Moyano frente al Congreso.

Temprano comenzó a disparar sobre los sindicatos la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich. Consideró que los dirigentes sindicales montaron una « organización delictiva que desató amenazas de atentados contra escuelas» y « ataques» contra vehículos de transporte público. También hubo llamadas para alertar sobre bombas en juzgados ayer por la mañana que sólo buscaron provocar miedo.

La Bullrich, buscando evitar actos violentos, amenazó con que el gobierno tomaría medidas fuertes en las últimas horas de hoy ayer contra las cúpulas sindicales, incluida la posibilidad de declarar ilegal a la huelga, en caso de que se produjeran. En su andanada de críticas contra los sindicalistas, la funcionaria afirmó ominosa: «Ponemos en la cabeza de los tres dirigentes sindicales, Daer, Moyano y De Gennaro la responsabilidad sobre la tranquilidad del día de hoy (por ayer)», resaltó.

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