Se consiguió un alto acatamiento al paro gremial
El gobierno admitió que el paro de 36 horas iniciado al mediodía de ayer por la CGT disidente y la CTA se desarrolló con absoluta tranquilidad, de acuerdo con lo manifestado por el jefe del Gabinete de Ministros, Chrystian Colombo. Para hoy se aguarda un alto acatamiento a la medida de fuerza, a la que se sumará la CGT oficial de los "gordos", debido fundamentalmente a la falta de transporte, tanto automotor como ferroviario. En ambos casos los gremios se han negado a prestar colaboración para diagramas de emergencia. La Capital Federal fue escenario ayer de numerosos cortes de avenidas -lo mismo que en el interior del país-, nueva forma de agitación descubierta a partir de la falta de convocatoria a grandes movilizaciones. Entre 10 y 100 personas son suficientes para cortar el tránsito, como pasó ayer en la avenida General Paz y Constituyentes, creando un caos entre quienes circulan. Los protagonistas fueron los estatales de la CTA, que a partir de las 12 abandonaron sus lugares de trabajo. Mientras la cámara de transporte automotor de pasajeros denunció atentados en 250 colectivos, el gobierno -garante de los servicios públicos-dispuso que se indemnizarán los desmanes. El disidente Hugo Moyano encabezó una magra manifestación frente al Congreso y terminó hablando bajo un aguacero, que dispersó a los activistas. Desde el gobierno se sigue atentamente la evolución del paro y tanto la Policía Federal como la Gendarmería están listas para intervenir en cualquier lugar del país. Hubo duras críticas de la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, contra la CGT oficial, que regentea Rodolfo Daer, a la que acusó de presionar por la desregulación de las obras sociales a través de su adhesión al paro. Triunfó la estrategia de amenazar con hechos de violencia para lograr apoyo. El gobierno no ayudó para alejar esos temores.
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Es más, hubo canales de comunicación abiertos entre el gobierno y la dirigencia rebelde de la CGT disidente que lidera el camionero Hugo Moyano. Este avisó a Interior que se iba a levantar la olla popular programada para instalar ayer en Plaza de Mayo, y que se trasladaría a la Plaza de los Dos Congresos. Finalmente la meteorología obligó a acelerar varios actos y la lluvia torrencial que se descargó a partir de las 14 dispersó la mayor parte de las manifestaciones callejeras. Sin embargo, a partir del mediodía fue evidente el despoblamiento del centro de Buenos Aires, para desesperación del comercio en general.
Tanto la Federal como Gendarmería y Prefectura, más allá de los refuerzos dispuestos para evitar desmanes, se mantuvieron -y mantienen-acuartelados y no hubo que movilizarlos, como se temió la noche del miércoles. Tan dispuesto estuvo todo que Economía tuvo que girar fondos que se adeudaban a la Secretaría de Seguridad Interior para permitir los eventuales traslados de las fuerzas de Gendarmería. La Fuerza Aérea fue alertada y en El Palomar estaban listos para despegar los Hércules C-130 encargados del transporte.
Moyano, en el colmo del oportunismo político y en franca competencia con «los gordos» de la CGT oficial que recién comenzaron su paro hoy a la 0 hora, anunció ayer a las 16 que la medida de fuerza era « espectacular». Actuó primereando para instalar en la opinión pública que la sociedad se había sumado en franco respaldo al paro que concluirá hoy a media-noche. Y que previsiblemente tendrá un alto acatamiento ante la falta de transporte -automotor de pasajeros, ferrocarriles, taxis y remises-, con negativas de los gremios de cumplir con diagramas de emergencia bajo amenazas de hechos violentos.
Para el secretario de Seguridad Interior, Enrique Mathov -un hombre con larga militancia radical-el paro « pareciera más hecho a un gobierno dictatorial que a un sistema constitucional». Dijo que « un movimiento de esta naturaleza se justifica en situaciones donde el país vive una dictadura, donde la civilidad no tiene modos ni medios de expresarse».




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