El quinteto diario «Clarín», juez Urso, fiscal Stornelli, camaristas Irurzun y Cattani, concretó lo que se descontaba: el juzgamiento judicial de resoluciones de un presidente constitucional y su gabinete a los que se acusó inconstitucionalmente y sin pruebas relevantes de «asociación ilícita» por disponer medidas de gobierno.
La impresión ayer era, para los que peinan canas, la del 23 de setiembre de 1955 cuando asume un nuevo gobierno militar y pasa a la detención primero y al exilio después el general Juan Perón. En Plaza de Mayo, ese día, unos cuantos de miles vitoreaban, la prensa de desgañitaba contra el presidente caído. Pero en los barrios pobres, en las poblaciones del interior del país había «una tristeza e indignación que se sentía en la piel», recordaría años después el padre Carlos Mujica, quien provenía de una familia rica, había festejado la caída de Perón y ese día tuvo un impacto que lo hizo variar a ser cura de los barrios de emergencia hasta terminar asesinado.
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Ayer había indignación en amplios sectores de la población, esencialmente en los más pobres y muy fundamentalmente en el interior del país por la «tropelía de los jueces porteños» -así se dijo en una radio-de detener al ex presidente Carlos Menem. En el estadio de Boca Juniors, anoche, corearon «Menem querido, la 12 está contigo».
El temible quinteto del diario monopólico «Clarín», el juez Urso, el fiscal Stornelli y los camaristas -Irurzun y Cattani, que sin ningún tipo de objetividad deben actuar como «cámara de apelaciones»-, había consumado acusar y hacer detener por primera vez en la historia a un presidente constitucional de «asociación ilícita» por deliberar y firmar un decreto.
Nadie cree que pese a que todos los resguardos judiciales están violados porque el juez actuó incentivado por la Cámara avasallamientos de este tipo puedan subsistir largo tiempo.
Pero el mal a la seriedad del país está consumado. Una vez más el peronismo es perseguido por gobiernos radicales como lo vienen haciendo desde hace 46 años, inclusive operando desde regímenes militares de facto.
Se temen venganzas de un peronismo herido. Hay nuevas figuras que quedan jaqueadas, por caso la hasta ahora aceptable ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, que se arrepiente como ex peronista y con el signo histórico de los conversos se transforma en una fiera política contra el ex presidente. Un Fernando de la Rúa que no le resguardó -ni en compensación cuando a él lo atacaronmínimas medidas de seguridad física a un ex presidente absolutamente constitucional. Se resquebrajará también el frente peronista.
Por caso motivó rostros muy serios el repentino «neutralismo» del gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota. Si flaquea De la Sota, flaqueará el gobierno de De la Rúa porque es su principal apoyo político tras ser abandonado por Chacho Alvarez, el Frepaso y el alfonsinismo radical.
Quedan muchos rencores y surgen acechanzas graves para la gobernabilidad del país. Si no hubiera un tan reciente canje de vencimientos de deuda lo económico estallaría. Esto es más grave que las veleidades del poco serio juez Urso, los resentimientos del fiscal Stornelli y las egolatrías políticas de los camaristas sumadas al «terror de prensa» que quiere imponer el monopolio «Clarín», que se jacta de hacer detener a un ex presidente constitucional como preaviso a quien intente cobrarle sus abultadas deudas.
La Argentina ayer retrocedió, sin duda, aunque por un factor técnico la economía no lo refleje. Pero la bronca de la gente sí, más allá del goce de minorías y la izquierda infantil que disfruta el castigo a quien hizo avanzar el país, pero dentro de la libre empresa, algo indigerible.
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