2 de julio 2019 - 00:00

Senado: jugueteo con candidato K tensiona al bloque peronista

Un puñado de legisladores trabajarán para otros postulantes a presidente Les habían prometido "respeto" ante las "disidencias" durante la campaña. Diferencias con 2003, donde hubo tres postulantes y se respetó la institucionalidad del justicialismo en la Cámara alta.

Carlos Caserio
Carlos Caserio

El “renovado” bloque del PJ en el Senado comenzó la semana pasada con una supuesta unanimidad que en un inicio no fue tal, a pesar de ser vendida con esteroides por el “ceremonial” y gobernador electo de Santa Fe, Omar Perotti. En las últimas horas, la bancada sufre la primera tensión por el intento de su flamante jefe, el cordobés Carlos Caserio, de recibir y abrazar en la Cámara alta al precandidato presidenciable del cristinismo, Alberto Fernández.

La reunión -pensada para hoy, aunque al cierre de esta edición buscaba ser trasladada para la tarde de mañana- que cranea Caserio junto a Fernández y otros senadores peronistas desesperados por “militar” la fórmula K provocará un cruce con legisladores que acompañarán a Roberto Lavagna, u otros que ingresarán en modo neutro de cara a las PASO de agosto y elecciones generales de octubre próximo. A ellos se les prometió “respeto” ante las “disidencias” en campaña.

Una situación similar se dio en 2003, con Eduardo Duhalde presidente de la Nación y con Miguel Pichetto como flamante jefe del PJ en el Senado. Para las elecciones de ese año se presentaron tres candidatos fuertes de ese espacio: Carlos Menem (La Rioja), Néstor Kirchner (Santa Cruz) y Adolfo Rodríguez Saá (San Luis). La decisión del bloque, que tenía a experimentados como José Luis Gioja, Jorge Busti, María Perceval, Ada Maza y Liliana Negre de Alonso, entre otros, fue blindar de manera unánime la institucionalidad del bloque y no recibir a ninguno de los postulantes, excepto por la militancia personal alejada del Congreso. Luego de la compulsa, se plegaron a Kirchner.

La semana pasada, y tras una demorada renovación de autoridades ante la abrupta salida del exjefe Pichetto -ahora precandidato a vicepresidente macrista-, Caserio prometió una curiosa “conducción horizontal” y dio “libertad de acción” a “compañeros y compañeras” para las elecciones nacionales. Además, dinamitó cualquier tipo de acercamiento con el cristinismo a nivel legislativo aunque remarcó, como opción personal, un guiño hacia la fórmula K de Fernández-Fernández.

En las últimas horas, el cordobés señaló: “No nos vamos a unificar -con Unidad Ciudadana-, ni siquiera acepté que se hiciera un interbloque. Los dos bloques son muy distintos. Uno es de Cristina Fernández y el otro es un bloque federal que apoya a los gobernadores y estamos felices de tenerlo”. En su distrito, Caserio es el presidente del PJ y sus intenciones electorales chocan con el muro del gobernador y referente principal del justicialismo provincial, Juan Schiaretti.

Pedido por comisiones

Los peronistas deben definir en los próximos días si solicitarán los lugares que ocupa Pichetto en comisiones clave, como por ejemplo, la bicameral que controla los servicios de inteligencia. Esa guerra podría convertirse en un activo virulento que se replicaría hacia otros bloques más pequeños -e incluso, en la bancada de Unidad Ciudadana- por legisladores que se fueron del PJ en los últimos meses, como los casos de los tucumanos José Alperovich y Beatriz Mirkin y la cristinista Silvina García Larraburu (Río Negro).

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