Hugo Moyano vio ayer su sueño cumplido: la Banelco llegó al Senado, pero ahora en forma oficial. Después de ocho años de estar instalado el sistema de voto electrónico, ayer se hizo la primera prueba en la Cámara alta, donde los senadores, una ironía demasiado obvia hasta para hacer un chiste, deben utilizar una suerte de tarjeta de crédito para identificarse y luego pulsar el botón por sí o por no.
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La idea, anterior a la renovación del sistema en Diputados, se comenzó a concretar en 1995, pero por «problemas de ajuste en el sistema» no entró a funcionar hasta ayer.Todo un ejemplo de dejadez estatal. Rodolfo Terragno, mientras tanto, reclamó la paternidad, no del sistema ni de la tarjeta, sino de la puesta en marcha que, en realidad, precipitó Daniel Scioli.
El fue el autor de un proyecto votadoen diciembre de 2002 que obliga a realizar las votaciones en forma nominal, es decir, identificando a cada senador, y no sólo a mano alzada o tomando lista. Esa reforma al Reglamento del Senado fue el coletazo del escándalo que se produjo en la polémica votación de la derogación de la ley de subversión económica, la misma en la que Cristina Kirchner lo trajo a Lázaro Chiappe de Corrientes en el avión del gobierno de Santa Cruz, para que se sumara al voto en contra de la derogación pedida por Eduardo Duhalde y el FMI. Pero recién ahora Scioli dispuso que se ajustara el sistema para controlar nominalmente las votaciones, es decir, saber quién está presente en el recinto, qué vota o si se abstiene de votar.
Pero a pesar de la ironía, esta vez la prensa no está exagerando en nada cuando se habla del uso de una tarjeta. Todos recordaban ayer al ingresar la tarjeta de votación el día que Moyano dijo que había escuchado aAlberto Flamarique contestar cuando le preguntaron cómo destrabaría la reforma laboral: «A los senadores los arreglo con la Banelco».
•Identificación
El propio informe que mente elaboró Terragno, siguiendo una pasión casi insana por explicar todo a través de presentaciones en Powerpointincorporó incluso profusa información comparada internacional donde citó hasta la votación en Washington del proyecto que prohíbe el aborto en casos de nacimiento parcial-, explica que cada senador contará desde ahora con una «tarjeta de plástico, similar a las tarjetas de crédito», con su nombre y apellido, fotografía, un número clave que aparecerá en las pantallas del recinto y un chip que lo identifica no bien pasa la tarjeta por la ranura.
En cada banca, al mismo tiempo, se instaló un visor electrónico que le indica la habilitación para votar y el sentido del voto. Luego el legislador presiona el pulsador por sí o por no, y el voto queda registrado.
Para justificar la necesidad del sistema, ayer se dio una clase magistral en el recinto del Senado y un simulacro de votación. Scioli convocó a senadores y periodistas a que se sentaran en las bancas, dieran quórum y probaran la innovación del voto con tarjeta.
Y pesar de que parezca un camino directo a la transparencia, algunos senadores defendieron la idea y otros no estaban totalmente de acuerdo con el cambio. En las diapositivas de Terragno se recalcó que hasta ahora no se «sabía cómo había votado cada uno, salvo que hubiese intervenido en el debate y no quedaba constancia de la cantidad exacta de los votos». Esto de alguna forma es cierto ya que en la mayoría de las votaciones se debe confiar en el buen ojo del presidente de la Cámara no sólo para saber si una ley se aprobó o se rechazó, sino para comprobar si se reunieron los dos tercios exigidos en algunos casos.
De hecho, se puso como prueba que desde diciembre de 2002 sólo dos leyes fueron votadas en forma nominal, esto se podía hacer hasta ahora sólo tomando lista, la famosa ley del azúcar y una insistencia a veto.
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