23 de abril 2003 - 00:00

Sin ilusiones, Bravo cerró con un piquete en Buenos Aires

"Se siente, se siente, Alfredo presidente", gritaban anoche unos 50 militantes socialistas que interrumpieron el tránsito en la avenida Mitre de Avellaneda para recibir a Bravo en el cierre de campaña del PS bonaerense. La escenografía parecía exagerada: el piquete instantáneo, los pasacalles, las bengalas y banderas rojas que desempolvaron desde el divorcio con Elisa Carrió y el ARI, el batir de tambores, la pantalla gigante y los parlantes desplegados en la calle y alrededor de 800 personas que colmaron el enrojecido salón del Centro Friulano.

«Pensar que hacemos este esfuerzo para sacar 3% de los votos», mascullaban algunos caciques locales en un ataque de simpática sinceridad off the record. Al aporte distrital, se le sumaron micros con gente de Adrogué, Quilmes, Moreno, Morón y Vicente López. La mayoría -era evidente- eran añejos y jóvenes simpatizantes de la socialdemocracia, aunque los más bulliciosos -una decena- parecían de otra extracción partidaria.

«Estos papelitos los tiramos cuando hable Bravo», instruía uno de los líderes del grupo que no cesaba de golpear a manguerazos limpios los parches al mejor estilo del Tula de los '80. Había a mano un bidón de previsible contenido que pasaba de boca en boca.

• Argumentos

«La verdad es que yo vine porque cuando volvamos nos van a dar de comer», reveló con resignación un chico de 13 años. Con bastante humor, no se olvidó de su infancia y se atrevió a bromear con una sonrisa pícara: « Los que vinimos de Burzaco vamos a votar por Bravo, pero por Johnny Bravo, el personaje de Cartoon Network».

No contento con eso le hizo confesar a uno de sus amigos, con 18 años cumplidos, que «voy a votar a Menem». El profesor Bravo, por suerte, estaba lejos de escuchar semejante despropósito, digno de la vieja política.

Sea como fuere, el socialismo de
Giustiniani, Jorge Rivas, el porteño Héctor Polino y Ariel Basteiro convocó ayer a más asistentes que Graciela Fernández Meijide en el mismo escenario, durante el fallido itinerario de la frepasista desde el barrio de Belgrano a la gobernación de Buenos Aires, en el '99.

Eso que
Meijide era nativa de Avellaneda y, en pleno ascenso de la Alianza, parecía número puesto a la hora de elegir un sucesor para Eduardo Duhalde en La Plata.

Los herederos de
Alfredo Palacios tenían argumentos de sobra para explicar el éxito de la convocatoria, aun cuando fuera a título testimonial como la mayoría de sus proclamas. Memoraban que esa comuna había sido administrada por un obrero socialista en 1918, cuando los concejales elegían al intendente. Jacinto Odone, de él se trata, se convirtió en historiador y escribió « La burguesía terrateniente argentina», obra de consulta de muchos sociólogos.

En la actualidad, el PS Avellaneda cuenta con 2 ediles y un legislador provincial,
Osvaldo Deza; y el municipio está en manos del ex chachista Oscar Laborde, de buen diálogo con la centroizquierda vecina. Motivos suficientes para montar allí un acto de envergadura para Bravo-Giustiniani que venían de un modesto clavelazo por las tierras del caudillo de Lanús, Manuel Quindimil.

Por radio,
Bravo pareció desafiar a Carrió. « No me arrepiento de haber roto la alianza con 'Lilita'», repitió. Con seguridad, la jefa espiritual del ARI sí debe lamentarse de haber roto lanzas con los socialistas, que el domingo que viene le hubieran ayudado en el control de los sufragios. Con esta preocupación en mente, ella cerrará esta noche la campaña con fiscales aristas, mientras los ex socios no perderán la calma y visitarán su feudo en Rosario, donde compartirán tribuna con el crédito del PS en la ciudad, el intendente Hermes Binner, en la céntrica plaza Pringles.

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