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Sea como fuere, el socialismo de Giustiniani, Jorge Rivas, el porteño Héctor Polino y Ariel Basteiro convocó ayer a más asistentes que Graciela Fernández Meijide en el mismo escenario, durante el fallido itinerario de la frepasista desde el barrio de Belgrano a la gobernación de Buenos Aires, en el '99.
Eso que Meijide era nativa de Avellaneda y, en pleno ascenso de la Alianza, parecía número puesto a la hora de elegir un sucesor para Eduardo Duhalde en La Plata.
Los herederos de Alfredo Palacios tenían argumentos de sobra para explicar el éxito de la convocatoria, aun cuando fuera a título testimonial como la mayoría de sus proclamas. Memoraban que esa comuna había sido administrada por un obrero socialista en 1918, cuando los concejales elegían al intendente. Jacinto Odone, de él se trata, se convirtió en historiador y escribió « La burguesía terrateniente argentina», obra de consulta de muchos sociólogos.
En la actualidad, el PS Avellaneda cuenta con 2 ediles y un legislador provincial, Osvaldo Deza; y el municipio está en manos del ex chachista Oscar Laborde, de buen diálogo con la centroizquierda vecina. Motivos suficientes para montar allí un acto de envergadura para Bravo-Giustiniani que venían de un modesto clavelazo por las tierras del caudillo de Lanús, Manuel Quindimil.
Por radio, Bravo pareció desafiar a Carrió. « No me arrepiento de haber roto la alianza con 'Lilita'», repitió. Con seguridad, la jefa espiritual del ARI sí debe lamentarse de haber roto lanzas con los socialistas, que el domingo que viene le hubieran ayudado en el control de los sufragios. Con esta preocupación en mente, ella cerrará esta noche la campaña con fiscales aristas, mientras los ex socios no perderán la calma y visitarán su feudo en Rosario, donde compartirán tribuna con el crédito del PS en la ciudad, el intendente Hermes Binner, en la céntrica plaza Pringles.




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