2 de diciembre 2002 - 00:00

Sin más congresos, PJ apura internas para el 23 de febrero

Eduardo Bauzá y José Pampuro, delegados premium de Carlos Menem y Eduardo Duhalde, reabrieron durante el fin de semana las negociaciones dentro del peronismo para avanzar en la realización de internas partidarias el 23 de febrero sin someter a los dos sectores al castigo de otro congreso del PJ.

Las dos partes han preparado el terreno para estas conversaciones endureciendo más que nunca sus posiciones. Menem dedicó dos actos muy importantes, en Pinamar y Tandil el viernes, a destrozar el armado del duhaldismo en esas plazas, algo intolerable para el estilo del Presidente que es celosísimo en el manejo del propio territorio.

El duhaldismo puso lo suyo en tres campañas que, hasta ahora, le dan éxito para acusar al menemismo de todas las calamidades, desde el fracaso de las negociaciones con el FMI hasta el fallo de la Corte contra la pesificación, pasando por las amenazas de saqueos el 20 de diciembre. Como el menemismo no termina de organizar sus cuadros de superficie, no ha logrado enfrentar con eficacia esas acusaciones que cesarán no bien se perfeccione el acuerdo de que hablaron Bauzá y Pampuro.

Consiste en negociar la fecha de las internas del 23 de febrero, pero comunicando, con las firmas de las dos partes, ese compromiso a la justicia electoral para obligarse mutuamente a cumplirlo.

El menemismo bajará esa fecha a la mesa chica del Consejo Nacional (lo maneja Menem a través de Rubén Marín) resignando la insistencia sobre que se vote el 15 de diciembre o el 19 de enero.

•Sacrificio

El duhaldismo se compromete a suspender el congreso del PJ (lo preside Eduardo Camaño) con que amenaza para el 11 de diciembre en el estadio de Obras Sanitarias, ya señado por Carlos Catterbetti, delegado de Duhalde para este tipo de manualidades.

También sacrifica dos decisiones del último congreso que el menemismo ha rechazado judicialmente y que creen que la jueza electoral
María Servini de Cubría avalará:

1) no le dará a la Comisión de Acción Política del PJ, que integran los gobernadores, funciones que le correspondan a la mesa del consejo que presiden
Menem-Marín;

2) no pegará las elecciones de candidatos a las de autoridades partidarias.

La inminencia de ese pacto, que en voz baja anuncian los negociadores de las dos partes, reúne todos los ingredientes, no sólo las amenazas que se profieren los sectores. También se acumulan los enigmas. ¿Por qué
Menem le va a regalar a Duhalde la pacificación en una puja que no anuncia como cómodo ganador? ¿Por qué Duhalde le va a regalar a Menem lo que consiguió, que no es poco, en los dos congresos del PJ en los que llegó a reunir más de 600 delegados?

A
Menem le puede convenir una pausa en la pelea que le plantea el aparato del Estado, que Duhalde pone en su contra a cada paso que da.

El duhaldismo se mueve convencido en esta puja de que
Menem se maneja con la hipótesis de que «cuando peor, mejor», y usa a los funcionarios formales e informales (como algunos caciques piqueteros) para incriminarlo de maniobras de desestabilización. Hacer las paces los obligaría a bajar la agresividad de la campaña.

Los negociadores que trabajan para esta fórmula son
Bauzá y Ricardo Quintela por el menemismo, y Pampuro, Rafael González y Eduardo Camaño, del otro lado. Los vigilan de cerca los adolfistas que han anotado a su jefe en la interna del PJ; están atentos al primer anuncio para mortificar al duhaldismo y al menemismo por cerrar otro pacto. Puede ser la antesala de un anuncio de la decisión de correr por afuera de las estructuras del partido, algo con que amenazó siempre Adolfo Rodríguez Saá, pero hasta ahora no ha necesitado cumplir.

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