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•Sacrificio
También sacrifica dos decisiones del último congreso que el menemismo ha rechazado judicialmente y que creen que la jueza electoral María Servini de Cubría avalará:
1) no le dará a la Comisión de Acción Política del PJ, que integran los gobernadores, funciones que le correspondan a la mesa del consejo que presiden Menem-Marín;
2) no pegará las elecciones de candidatos a las de autoridades partidarias.
La inminencia de ese pacto, que en voz baja anuncian los negociadores de las dos partes, reúne todos los ingredientes, no sólo las amenazas que se profieren los sectores. También se acumulan los enigmas. ¿Por qué Menem le va a regalar a Duhalde la pacificación en una puja que no anuncia como cómodo ganador? ¿Por qué Duhalde le va a regalar a Menem lo que consiguió, que no es poco, en los dos congresos del PJ en los que llegó a reunir más de 600 delegados?
A Menem le puede convenir una pausa en la pelea que le plantea el aparato del Estado, que Duhalde pone en su contra a cada paso que da.
El duhaldismo se mueve convencido en esta puja de que Menem se maneja con la hipótesis de que «cuando peor, mejor», y usa a los funcionarios formales e informales (como algunos caciques piqueteros) para incriminarlo de maniobras de desestabilización. Hacer las paces los obligaría a bajar la agresividad de la campaña.
Los negociadores que trabajan para esta fórmula son Bauzá y Ricardo Quintela por el menemismo, y Pampuro, Rafael González y Eduardo Camaño, del otro lado. Los vigilan de cerca los adolfistas que han anotado a su jefe en la interna del PJ; están atentos al primer anuncio para mortificar al duhaldismo y al menemismo por cerrar otro pacto. Puede ser la antesala de un anuncio de la decisión de correr por afuera de las estructuras del partido, algo con que amenazó siempre Adolfo Rodríguez Saá, pero hasta ahora no ha necesitado cumplir.




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