El gobierno realizó un sondeo informal sobre el Senado para ver qué posibilidades tendría el penalista Esteban Righi, ex ministro de Héctor J. Cámpora, de convertirse en juez de la Corte. Las consultas se producen en vísperas de cubrirse la silla que dejó el destituido Eduardo Moliné O'Connor, y en plena continuidad de la saga de «renovación» de la cabeza de Tribunales, con el juicio político a Adolfo Vázquez en el primer semestre de 2004 y la posible renuncia de Carlos Fayt en abril. La eventual postulación abriría un debate de proporciones en la opinión pública.
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Righi, que sonó como candidato a ministro de Justicia apenas se confirmó el ascenso del santacruceño a la Casa Rosada, es un eterno candidato al máximo tribunal. Su nombre circuló antes de que se oficializara la nominación del actual miembro de la Corte Eugenio Zaffaroni. Finalmente, el polémico ex magistrado fue el postulante presidencial. Después de todo, Zaffaroni es director del Departamento de Derecho Penal y Criminología de la Universidad de Buenos Aires, del cual Righi es profesor.
La confirmación de Carmen Argibay como sustituta del renunciado Guillermo López -una decisión que no despertó objeciones como las que salieron al cruce de Zaffaroni-le permitiría al Ejecutivo intercalar un abogado con reconocimiento académico, pero de indudable identificación con el kirchnerismo. En ese caso, la renovación de la cúpula del Poder Judicial, vía desplazamiento de la denominada «mayoría automática» del menemismo, tendría la siguiente correlación: un ex frepasista que reivindica el espíritu transversal del primer mandatario (al cual ayudó a coronar); una jueza sin militancia política, independiente y reconocida internacionalmente (Argibay); y, ahora, un aspirante de similar perfil profesional e ideológico al de Zaffaroni. Righi, entre otras cosas, reivindica la inspiración setentista de los Kirchner: durante los 49 días de la «primavera camporista» de la izquierda, pasó a la historia por haber fogoneado, desde el Ministerio del Interior, la amnistía que permitió la libertad de los llamados «presos políticos» -militantes de Montoneros y otras organizaciones armadas-(y delincuentes comunes también) la noche del 25 de mayo del '73.
Por si fuera poco, tiene una relación de amistad no sólo con el jefe de Estado, sino con uno de sus principales lugartenientes (el principal, desde el punto de vista mediático, al menos). Alberto Fernández es profesor adjunto de la cátedra de Righi en la UBA y han publicado libros en conjunto, por caso, «Elementos de Derecho Penal y Procesal Penal».
De cualquier manera, no está cerrada la chance de que, por obra y gracia de la influyente Cristina Fernández de Kirchner (ver Contratapa), sea otra dama quien termine en el lugar de Moliné. En esa instancia, Righi podría transformarse en sucesor de Fayt o de Vázquez, pero seguro que figura en los planes del kirchnerismo. Aún cuando ya hay 2 penalistas en la Corte, uno que ya asumió (Zaffaroni) y otro que sólo debe pasar por el trámite de avales e impugnaciones, más la descontada aprobación del pliego en la Cámara alta (Argibay).
El currículum de Righi incluye el título de abogado de la UBA en 1962, el haber sido profesor titular (por concurso) de la Universidad Nacional Autónoma de México y Universidad Autónoma Metropolitana y conferencista, entre otras casas de estudios, en las Universidades Complutense de Madrid, Autónoma de Madrid y Colegio Universitario San Pablo (España); Nacional Autónoma de México, y de la República (Uruguay). Es miembro de la Asociación Argentina de Derecho Económico y consultor de la Asociación Internacional de Derecho Penal.
Pero hay un aspecto no muy publicitado que puede jugar en su contra, y que forma parte de las consultas presidenciales al Senado: Righi es el letrado que defiende a Remo Costanzo, ex integrante del «viejo Senado» y sospechado de haber cobrado coimas por la reforma laboral, de acuerdo con los dichos del arrepentido Mario «Tato» Pontaquarto.
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