La interna abierta y simultánea celebrada ayer en la provincia de Buenos Aires permitió hacer una diferencia en pesos a dueños de taxis porteños, de remises, autos particulares, colectivos fuera de línea y ómnibus escolares. La Policía Bonaerense cumplió también servicios adicionales a razón de 4 y 5 efectivos por escuela donde se votó, una tarea que puede pagarse $ 40 por cada uniformado durante todo el día de servicio. Un domingo que amaneció fresco y apacible, hacia el mediodía en algunos partidos del Gran Buenos Aires se transformó en un frenético ir y venir de vehículos alquilados cargados de vecinos que eran arreados a votar. Y esto ocurrió tanto con los que votaban en locales escolares para justicialistas como los habilitados para radicales, del Partido Obrero o del ARI. Es decir, de todos aquellos que discutían candidaturas para votar recién dentro de cinco meses y medio, el domingo 14 de setiembre.
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En otros partidos hubo apatía, aumentada por el barro tras la lluvia del sábado, que desanimó a muchos. Al cierre de las urnas, desde la Junta Electoral en La Plata se informó que no se habían recibido denuncias por irregularidades graves. De las otras sí que hubo. En La Matanza, donde el trámite de la campaña previa fue por momentos violento -se enfrentaron en el PJ el actual jefe comunal, Alberto Balestrini, con el diputado provincial Julio Rubén Ledesma por la candidatura a la intendencia-, al mediodía habían votado entre 50 y 60 ciudadanos por mesa y transcurría casi aburrido. En la UCR del mismo distrito, que disputaban por todos los cargos municipales -con dos candidatos a intendentes también: Aurora Barbarito y Oscar Pérez-, admitían los candidatos que había ido poca gente a votar.
En Berazategui, donde el candidato a intendente es Juan José Mussi, la lluvia torrencial del viernes y sábado embarró todo de tal forma que los autos no podían entrar en muchos barrios. En Lomas de Zamora, las camionetas de Jorge Rossi, contendor de María Elena Torresi, la esposa de Osvaldo Mércuri, recogían gente en la feria paraguaya de los domingos y los llevaban a votar. En Ezeiza, Dulce Granados, la esposa del intendente local, Alejandro Granados, tuvo algunos altercados con amenazas en Tristán Suárez que casi terminaron a los cachetazos. En Quilmes, Aníbal Fernández -que apoyó a Sergio «Chino» Villordo-se ocupó de que potentes altavoces le recordaran a la gente las bondades del Plan Jefas y Jefes de Hogar. En San Francisco Solano, aseguran que fue a votar tanta gente que se les terminaron los sobres enviados por la junta electoral partidaria.
•Quejas
Lo que impresionó en el PJ -frente a los demás partidosera la movilización de vehículos para llevar a la gente a votar. Hacerlo con 10 a 15 por ciento de los inscriptos en los padrones generales supone una movilización muy grande. Temprano, a las 6.30, fueron miles los taxis porteños que se dieron cita en los playones del Mercado Central. A $ 120 por auto, se los contrató entre las 8 y las 19 para transportar votantes. Pero no fueron los únicos. Además se contrataron taxis, remises, autos particulares (a $ 80 por cada uno de éstos), colectivos fuera de línea y ómnibus escolares. Los del Mercado Central llevaban una oblea impresa con el número asignado al vehículo -por ejemplo, en Ramos Mejía en las primeras horas de la tarde andaba el 1039 llevando gente-, en tanto que el resto se identificaba con el número de lista de cada candidato: en La Matanza, los de Balestrini llevaban el 2; y los de Ledesma, el 30. Era curioso observar largas filas de autos atascados por un semáforo, cada uno de ellos con su correspondiente identificación, sin siquiera un gesto de malestar o contrariedad. Todos estaban trabajando. En cambio, los conductores de los autos que trabajaron para la UCR se quejaron porque la plata prometida para la nafta no aparecía.
Los locales en el Gran Buenos Aires de candidatos como Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá lucieron con sus cortinas bajas. En San Justo, cabecera del partido de La Matanza, también el del consejo del PJ local estaba cerrado.
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