Tensión anoche en Capital tras controlada protesta
Sin violencia, ayer, se realizó la marcha de piqueteros hasta la Plaza de Mayo, a pesar de horas de tensión en las que el gobierno actuó con seriedad para acordar que la manifestación se haga pacíficamente. La jueza María Romilda Servini de Cubría colaboró eficientemente en esas negociaciones que terminaron comprometiendo a los piqueteros a dejarse revisar, de ser requerido y a no acampar frente a Casa de Gobierno. Sin embargo, un grupo, que aseguraba estar autorizado por Aníbal Ibarra, el jefe de Gobierno porteño, armó anoche media docena de carpas para celebrar un festival que se prolongaba hasta la madrugada de hoy. Servini envió cartas al gobierno haciéndolo responsable de la seguridad.
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La resolución de ese incidente se llevó a cabo en el Ministerio del Interior, con delegados de los desocupados, mientras el puente Pueyrredón, que une la provincia de Buenos Aires con la Capital Federal, permanecía bloqueado: de un lado del paso, ocupando hasta la subida hasta el Riachuelo, la columna de piqueteros, separada unos metros de la formación policial que impedía el acceso hacia la Ciudad. Se movilizaron 1.700 efectivos, entre Policía Federal, Prefectura y Gendarmería, mientras que la Policía Bonaerense no impidió que las formaciones de desocupados ingresaran en el puente que permaneció cortado desde la mañana, lo que irritó al gobierno.
Los manifestantes enviaron a conversar con Jorge Matzkin a segundas líneas de su organización, ya que los dirigentes no aceptaban moverse del puente. Estuvo allí el subsecretario del ministro, Arturo Puricelli, y se ausentó Juan José Alvarez, ocupado en ordenar a los efectivos de seguridad.
• Flexibilización
Matzkin, durante ese encuentro, habló en dos oportunidades con Servini. La jueza terminó admitiendo los pedidos del ministro y «flexibilizó» la orden que había dado a la Policía de cachear a los piqueteros. Se cambió por un «cacheo visual», que consistía en requerir a pedido de la Policía exhibición de bolsos y a distancia. En la práctica, no pudo realizarse, ya que al replegarse, la Policía quedó en filas sobre una mano del puente, y sobre la otra, la barricada de piqueteros avanzaba sin que los efectivos pudieran advertir los palos y caños de metal que portaba parte de los manifestantes.
«El gobierno no estaba dispuesto a modificar la decisión de la jueza, a quien le pareció razonable flexibilizar la instrucción del cacheo a cambio de que dejaran los palos y otros elementos», dijo Mat zkin, a la salida de la reunión.
Duhalde, según relató Matzkin, pidió «todo el tiempo» que «les sacara a los piqueteros una promesa de orden». La negativa de firmar ese acuerdo la fundamentaron los piqueteros en que ellos no podían tomar decisiones que no fueran aprobadas por una asamblea. Consultaban permanentemente por teléfono a los dirigentes, que les indicaron que dieran su palabra, pero no firmaran nada. Eso demoró hasta pasadas las seis de la tarde, cuando los enviados regresaron al puente, en un patrullero y las fuerzas policiales abrieron el paso.
Del acto, que culminó con la lectura de un documento en la Plaza de Mayo, participaron, entre otros, Barrios de Pie, Movimiento Territorial de Liberación, Polo Obrero y la Coordinadora Aníbal Verón; eran 2.000 manifestantes.




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