27 de noviembre 2002 - 00:00

Tensión anoche en Capital tras controlada protesta

Sin violencia, ayer, se realizó la marcha de piqueteros hasta la Plaza de Mayo, a pesar de horas de tensión en las que el gobierno actuó con seriedad para acordar que la manifestación se haga pacíficamente. La jueza María Romilda Servini de Cubría colaboró eficientemente en esas negociaciones que terminaron comprometiendo a los piqueteros a dejarse revisar, de ser requerido y a no acampar frente a Casa de Gobierno. Sin embargo, un grupo, que aseguraba estar autorizado por Aníbal Ibarra, el jefe de Gobierno porteño, armó anoche media docena de carpas para celebrar un festival que se prolongaba hasta la madrugada de hoy. Servini envió cartas al gobierno haciéndolo responsable de la seguridad.

Amparado en una autorización de Aníbal Ibarra, que gobierna la Capital Federal, un grupo de piqueteros pernoctaba anoche en la Plaza de Mayo, a pesar del acuerdo al que habían arribado con el gobierno de no llevar a cabo ese campamento, a cambio de dejarlos ingresar en el centro porteño sin ser revisados preventivamente, para evitar la portación de elementos violentos en la manifestación que realizaron ayer.

El Movimiento Sin Trabajo Teresa Vive (MST), que lidera Vilma Ripoll, aseguró que el gobierno de la Ciudad les concedió el permiso para hacer un festival hasta las cinco de la madrugada. Esa agrupación no participó de las negociaciones con los funcionarios de Eduardo Duhalde, porque no pertenece al Bloque Piquetero. De esa manera, obraron por su cuenta contraviniendo el acuerdo que llevó media tarde concretar.

Los piqueteros realizaron finalmente la marcha de protesta en la que conmemoraban la muerte de dos de ellos, Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, ocurrida en un enfrentamiento, hace 5 meses, que se detuvo por horas hasta arribar a un compromiso de no provocar desmanes.

• Negociaciones

La manifestación se concentró al mediodía, pero se inició siete horas más tarde, tras la negociación con el gobierno que no aceptaba que los piqueteros se negaran a ser revisados en forma preventiva. Tampoco admitieron firmar un documento en el que se comprometían, entre otros puntos, a no provocar incidentes, pero con eficacia el gobierno, en conversación continua con la jueza Romilda Servini de Cubría, terminó cediendo y también lo hicieron los piqueteros. Se les permitió circular, pero con la condición de que no se resistirían a un cacheo si era pedido, como que tampoco acamparían en la Plaza de Mayo o el Congreso.

La resolución de ese incidente se llevó a cabo en el Ministerio del Interior, con delegados de los desocupados, mientras el puente Pueyrredón, que une la provincia de Buenos Aires con la Capital Federal, permanecía bloqueado: de un lado del paso, ocupando hasta la subida hasta el Riachuelo, la columna de piqueteros, separada unos metros de la formación policial que impedía el acceso hacia la Ciudad
. Se movilizaron 1.700 efectivos, entre Policía Federal, Prefectura y Gendarmería, mientras que la Policía Bonaerense no impidió que las formaciones de desocupados ingresaran en el puente que permaneció cortado desde la mañana, lo que irritó al gobierno.

El corte de tránsito afectó desde el mediodía en las cercanías de Plaza de Mayo y Congreso, a pesar de que, cuando se permitió el paso, ya caía la noche sobre la Ciudad. En las primeras horas se calculaban más de 10.000 manifestantes, pero con el correr de la tarde, a pleno sol, las adhesiones comenzaron a mermar, incluso cuando una delegación partió hacia el Ministerio de Interior, lo que fue rechazado por algunos grupos que decidieron marcharse.

Los manifestantes enviaron a conversar con Jorge Matzkin a segundas líneas de su organización, ya que los dirigentes no aceptaban moverse del puente. Estuvo allí el subsecretario del ministro,
Arturo Puricelli, y se ausentó Juan José Alvarez, ocupado en ordenar a los efectivos de seguridad.

• Flexibilización

Matzkin, durante ese encuentro, habló en dos oportunidades con Servini. La jueza terminó admitiendo los pedidos del ministro y «flexibilizó» la orden que había dado a la Policía de cachear a los piqueteros. Se cambió por un «cacheo visual», que consistía en requerir a pedido de la Policía exhibición de bolsos y a distancia. En la práctica, no pudo realizarse, ya que al replegarse, la Policía quedó en filas sobre una mano del puente, y sobre la otra, la barricada de piqueteros avanzaba sin que los efectivos pudieran advertir los palos y caños de metal que portaba parte de los manifestantes.

«El gobierno no estaba dispuesto a modificar la decisión de la jueza, a quien le pareció razonable flexibilizar la instrucción del cacheo a cambio de que dejaran los palos y otros elementos»
, dijo Mat zkin, a la salida de la reunión.

Duhalde
, según relató Matzkin, pidió «todo el tiempo» que «les sacara a los piqueteros una promesa de orden». La negativa de firmar ese acuerdo la fundamentaron los piqueteros en que ellos no podían tomar decisiones que no fueran aprobadas por una asamblea. Consultaban permanentemente por teléfono a los dirigentes, que les indicaron que dieran su palabra, pero no firmaran nada. Eso demoró hasta pasadas las seis de la tarde, cuando los enviados regresaron al puente, en un patrullero y las fuerzas policiales abrieron el paso.

Del acto, que culminó con la lectura de un documento en la Plaza de Mayo, participaron, entre otros, Barrios de Pie, Movimiento Territorial de Liberación, Polo Obrero y la Coordinadora Aníbal Verón; eran 2.000 manifestantes.

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