3 de noviembre 2005 - 00:00

Todo está ya dicho antes del encuentro

Parte de un maratón de reuniones en el cual cruzarán sombrerazos 34 mandatarios y más de un centenar de ministros y secretarios de Estado, el encuentro de mañana entre Néstor Kirchner y George W. Bush se parece más a una visita papal que a un encuentro de presidentes. Los dos no negociarán nada, discutirán menos y en el balance final pesarán el boato que la rodee, la ocurrencia de las frases que entrecrucen inspirados por el instante, el ingenio y la calidad de los regalos que intercambien y lo que el presidente argentino cuente al salir (Bush, claro, mantendrá el silencio de siempre).

El último contacto entre funcionarios de primer nivel se produjo ayer Washington, en un salón del Departamento de Estado. Fue entre José Octavio Bordón, embajador argentino, y Condoleezza Rice, quienes charlaron con Tom Shannon de testigo (es el secretario de Asuntos Hemisféricos) sobre el inminente viaje que inicia hoy por la mañana Bush hacia Mar del Plata.

«Condy»
y Shannon se suben al Air Force One que llegará por la noche en a La Feliz; Bordón se queda en Washington, ya que el gobierno de Buenos Aires dispuso que en la decena de reuniones bilaterales que mantendrá Kirchner con presidentes entre mañana y el sábado, estará sólo él con Cristina Fernández y Rafael Bielsa (lo mismo hizo cuando se encontró con Bush en Monterrey, en enero de 2004).

• Agenda

El encuentro fue en una entrega de los premios a empresas con negocios fuera de los Estados Unidos que otorga la Cancillería de ese país (Awards for Corporate Excellence) y dio oportunidad para confirmar que el temario de la charla se limitará a un repaso de cuestiones con final anunciado: seguridades de Bush de que sus representantes en el FMI apoyarán un acuerdo sustentable con la Argentina, elogios por el apoyo de la Argentina a la misión de paz en Haití, reconocimiento del rol del país en la consolidación de la democracia en Venezuela y Bolivia. El tono más alto lo emplearán Kirchner y Bush para criticar al unísono los subsidios agrícolas de los países europeos con el mismo libreto que usaron en su última cita en la ONU en setiembre pasado. Bush dirá que está por la abolición total, Kirchner adherirá, pero le pedirá que Estados Unidos haga el gesto; Bush retrucará que lo hará en cuanto lo haga la Unión Europea, y todo volverá a cero.

Los adelantos a la prensa que hizo el gobierno de Estados Unidos ayudaron también a vaciar de contenido al encuentro de mañana: en el briefing con corresponsales el propio Bush negó que tuviera que cumplir algún rol de intermediario entre el FMI y la Argentina. Roberto Lavagna y Kirchner, desde ya, ya tienen las señales suficientes de Rodrigo de Rato de que antes de fin de año se sentarán las partes a hablar de acuerdo. Eso es por lo menos lo que el ministro le dijo al Presidente en las últimas horas.

El otro asunto que separaba las aguas hasta hace algunos meses era el trajinado debate sobre las inmunidades a tropas que llegan al país a hacer maniobras. Washington, se ufana José Pampuro, ya ha entendido que en la Argentina hay una ley que sacó el tema de la puja ideológica. Según esa ley, el tema de las inmunidades pasa a una suerte de clandestinidad que les conviene a todos: cada año el Congreso aprueba una ley que describe las maniobras en detalle y avala las inmunidades que reclama el país visitante.

El resto, como se sabe, es todo festejo. Kirchner tiene como timbre de honor manejar excelentes relaciones con Estados Unidos.

Ha contado con todo lo que ha necesitado en cada momento de Washington en los organismos internacionales y suscribe las grandes consignas del gobierno
Bush: guerra contra el terrorismo -i.e. no abrir la boca sobre Irak ni Guantánamo-, cruzada contra la corrupción, defensa de los derechos humanos y combate a los organismos financieros internacionales como el FMI como responsables de las crisis financieras de los países centrales y periféricos.

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