"Torea" Kirchner a Duhalde, que arma su estrategia sin hablar

Política

Sólo la calma de «sabio» oriental -del Uruguay, su tierra de adopción-le permite a Eduardo Duhalde morderse la lengua y no correr a responder lo que, entiende, son provocaciones premeditadas de Néstor Kirchner para forzarlo a un debate frontal.

Tiene algo de razón: no hay rally político por el conurbano en el que el patagónico, siempre sin nombrarlo, lo bañe de maldiciones y sospechas. Es un toreo sistemático que, por ahora, Duhalde viene esquivando y que, prometen en su cercanía, evitará hasta el final.

Ayer, desde Merlo, Kirchner volvió a hacerlo. Fue preciso: «Hay gente que tuvo responsabilidades en la provincia, que no hablan; que están escondidos», dijo escoltado por Raúl Othacehé, el neokirchnerista jefe de ese municipio del oeste, y el gobernador Felipe Solá. «Podían haber hecho mucho más por la provincia pero prefirieron seguir al hombre que enterró al país», completó Kirchner desempolvando la antigua sintonía entre Duhalde y Carlos Menem que, siquiera por testaferros políticos, se reconstruye vía Chiche y Luis Patti.

El patagónico reveló en públicolo que sus laderos suplican en privado: que
Duhalde se cuadre delante de Kirchner, que responda a sus críticas, que reaccione. ¿Para qué?: «para mostrarlo», dicen los kirchneristas, para «recordarle a la gente que es el Duhalde de siempre».

• Otro plan

Pero el ex presidente tiene otro plan. En tránsito permanente del San Juan Tenis Club a las oficinas de Chiche en Hipólito Yrigoyen o la sede del PJ sobre Avenida de Mayo, Duhalde es casi un refugiado, estado curioso para quien ostenta un cargo diplomático en el Mercosur.

En ese seudoanonimato, el bonaerense retomó una de sus pasiones de juventud:
el oficio de puntero barrial. Más allá del armado general de la elección, Duhalde eligió dos municipios donde «en persona» se encargará de ordenar al duhaldismo.

A esa costura fina, artesanaldel PJ, se abocará el ex presidente en La Matanza y Merlo, este último no casualmente el distrito que ayer visitaron
Kirchner y Solá, y al cual llevaron casi 100 millones de pesos en obras públicas y subsidios varios.

Para
Duhalde, son «distritos clave» para manejar la elección en el conurbano. Por dos motivos: 1- por el caudal de votos (en La Matanza votan 800 mil personas) y 2- por la fiscalización (una elección sin control en esos distritos es derrota asegurada y por goleada).
Hay, también, algo de revancha: el matancero
Alberto Balestrini fue uno de los primeros caciques del conurbano en « mudarse» hacia el kirchnerismo y, además, en despotricar contra Duhalde quien, machacan en el PJ, lo «convirtió» en intendente de La Matanza.

También Othacehé, por un rato, había alimentado la rebeldía de Solá al punto que fue uno de los tres intendentes de peso -junto a Balestrini y Julio Alak de La Plata-que participaron de la cena iniciática del felipismo la noche del 14 de diciembre en Costa Salguero.

Unos días después, es cierto, se reencolumnó con
Duhalde y firmó la solicitada de la Línea Lealtad, reconociendo al ex presidente como conductor del PJ. Pero no duró mucho: al final, Kirchner le abrió la puerta, y Othacehé terminó sumando para la Casa Rosada.

En La Matanza,
Duhalde tendrá como lugartenientes a Baldomero «Cacho» Alvarez y Jorge Villaverde, que jura tener «cercado» Almirante Brown y, por eso, puede incursionar en otros dominios.

Chiche
, claro, es la «imagen» de esa táctica: el martes, la diputada llevó su campaña hasta San Justo y anticipó que volverá al municipio una vez por semana hasta antes de las elecciones. También irá a La Plata, donde lanzará su candidatura el 27 de octubre.

En tanto, de «la diaria» de Merlo se encargará
Hugo Curto, jefe de Tres de Febrero con quien Othacehé hace años se muestra los dientes, aunque siempre a 2 minutos del cierre de listas, terminan pactando la paz. Un festival de gruñidos pero sin dentelladas.

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