15 de enero 2001 - 00:00

Tres ministros atenderán los problemas de empresas

Los frepasistas que quieren derogar "sí o sí" el decreto previsional en el Congreso están a punto de levantarse en armas contra Carlos Chacho Alvarez, a quien exigen que ratifique su oposición original a la reforma. Ahora el Frepaso quedó ayer al borde de la ruptura, tras confirmarse que Alvarez había suspendido la cumbre del Frente Grande, prevista para hoy. Muchos chachistas querían discutir allí el tema jubilatorio y el desplazamiento de su gente del control del PAMI. Aun cuando su jefe siga en silencio o revea su posición, los "rebeldes" empezaron a hacer cuentas y dicen que tienen 15 votos propios, más 99 del PJ y otros 5 del sector de Elisa Carrió y Alfredo Bravo. Con casi 120 manos, estarían en condiciones de derogar el decreto en marzo, una vez que comiencen las sesiones ordinarias. Para diferenciarse del peronismo y no dinamitar todos los puentes con la Rosada, debatirían una nueva ley previsional, acordada con el gobierno.

El gobierno anunciará hoy por la tarde la creación de un grupo que integrarán el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, el ministro de Economía; José Luis Machinea, y la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich. La escuadra se denominará «Equipo de Análisis Productivo» y tendrá por misión evaluar el comportamiento de cada sector de la economía y despejar las trabas que se pongan a su desarrollo si tienen relación con la acción del Estado.

La ministra Bullrich, auto-ra de la iniciativa, la explicó ayer a este diario: «La idea es realizar un análisis específico de cada actividad económica, estudiando si el sector público puede contribuir en algo a dinamizarla y quitarle obstáculos». El programa consiste en atender dos veces por semana a empresarios y sindicalistas de distintos sectores para examinar si encuentran dificultades provenientes de un mal funcionamiento del sector público, sea en el área de comercio exterior (sobre todo política aduanera), defensa contra la competencia desleal, política tributaria, etcétera.

Este tipo de sesiones se complementarán a lo largo de este año con otras, específicamente laborales, pero en las que también aparecerá la radiografía de cada región de la economía: se trata de la rene-gociación de los convenios colectivos, sea la de los ultraactivos que deben discutirse obligatoriamente, sea la de los que empresas y gremios quieran volver a negociar voluntariamente.

Instrucción

El plan elaborado por Bullrich obedece a una instrucción de Fernando de la Rúa que también receptó Machinea. El Presidente pretende que el año electoral encuentre a su gabinete más ligado a los problemas de la economía real y, sobre todo, a los que se verifican en el interior del país. «Me piden la creación de un Ministerio de la Producción; vos tenés que ser el ministro de la Producción y viajar más al interior», le recomendó De la Rúa al titular del Palacio de Hacienda. No debe pasar inadvertido: el que propuso la creación de esa nueva cartera fue Carlos Chacho Alvarez cuando redactó su ya mítica carpeta.

Ahora, mediante un decreto, el Presidente producirá una especie de recorte dentro de su propio equipo, del que formarán parte también oficinas subordinadas a Machinea. «El ministro me manifestó su interés por participar personalmente, igual que yo, en la comisión», contó la titular de Trabajo.

Además de Machinea estarán los responsables de Industria, Inversiones y Política Tributaria de Economía. Claro, según cuál sea el área que se someta a análisis se convocará también al funcionario más adecuado.

En rigor, la gestión oficial viene desde sus comienzos buscándole un formato a esta especie de «tratamiento sectorial de la economía». Colombo, por ejemplo, recorrió el país como presidente del Banco Nación recabando demandas de cada actividad. Inclusive Economía creó Agencias de Desarrollo de cuya supervivencia se supo al cabo de los meses bastante poco. Sin embargo, de todos esos ensayos se derivó una imagen más o menos precisa de cuáles son los emprendimiento que más prometen, es decir, aquellos que más mere-cen ser asistidos por su viabilidad. Entre ellos están el ganadero, el frigorífico, el frutí-cola, el turismo y la denominada nueva economía, es decir, la ligada a las operaciones electrónicas.

Es cierto que el gobierno no podrá pretender que sus observaciones se limiten a esos rubros, los más agradables de ser examinados. En la cola de cada semana habrá, seguramente, sectores con limitaciones casi crónicas como el textil, el papelero y el forestal, por citar sólo tres casos.

De la Rúa alentará la iniciativa de Bullrich, que trata de sistematizar un método que llevó al fracaso varios intentos del propio Presidente. Basta recordar aquellas reuniones multitudinarias con empresarios en las que se hablaba de generalidades y no se resolvía nada, en Olivos. En buena medida lo que se anunciará hoy es una versión mejorada de otra propuesta que circuló últimamente por el gobierno: la creación de un equipo superpoblado en el que no solamente habría funcionarios del Ejecutivo sino también legisladores.

Pero también hay hombres dentro de la administración que temen algunos riesgos que entraña el método que se impulsó desde Trabajo. El mayor de esos riesgos consistiría en que ese equipo, integrado por tres ministros, se convierta en una especie de imán de empresas fallidas o inviables, que buscarían en este tratamiento una manera de responsabilizar al Estado por su propio fracaso. Como si se instalara una sala de terapia intensiva instalada en el gabinete para absorber compañías cuyas dificultades no provienen precisamente del sector público.

Monitoreo

De las reuniones semanales que comenzarán este verano cabe esperar también otro efecto: el monitoreo por parte de los ministros de algunos funcionarios inferiores. Cada sector tendrá oportunidad de denunciar delante de los máximos responsables de la administración, las trabas, inconsecuencias o negligencias con que se toparon en las oficinas de los verdaderos encargados de ofrecer soluciones. Tal vez este aspecto de la operación sea el más divertido y el que más estimule a la eficiencia de secretarios y subsecretarios.

Claro que también este tipo de experimentos pueden tener una derivación negativa: la de encarar la política económica con una orientación corporativa, es decir, con la pretensión de satisfacer a los distintos sectores y no de generar reglas de juego que garanticen la transparencia del mercado.

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