Trotskistas amplían lista de perdedores por caída de Ibarra
El trotskismo del Partido Obrero -que ya no tiene ni representación en la Legislatura porteña-se solazó con la caída de Aníbal Ibarra pero, de paso, arrinconó al resto de la dirigencia política en el arco de los perdedores. Los hubo mucho, pero no todo en ese lote de perjudicados por la destitución del ex jefe de Gobierno en el juicio político por Cromañón. Veamos cómo lo dice el periódico partidario "Prensa Obrera".
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Macri y Carrió se cuidaron siempre de no precipitar una destitución. Votaron el Presupuesto 2006, que convalida todos los negociados de Ibarra, Kirchner y Telerman. No sorprende, por lo tanto, que la destitución haya abierto una crisis en el ARI, que participó del gobierno ibarrista y cuya base social y política está reclutada en las filas comunes del Frepaso y de la Alianza.
La crisis de la oposición alcanza, finalmente, al zamorismo. El voto de Romagnoli por la destitución se produjo «a contramanode lo que habían conversado en AyL hasta la noche anterior. Es más, en la tarde de ayer circulaba el rumor de que Romagnoli abandonaría la bancada de AyL».
La caída de Ibarra ha significado un golpe monumental para los asociados en el Encuentro de Rosario, y particularmente para el Partido Comunista.
Ibarra es ahora sustituido por Telerman, el representante más directo de los intereses sociales que condujeron a Cromañón. Telermanes el fogonero de la privatización del Teatro Colón y, en general, de la privatización del patrimonio cultural de la Ciudad («industrias culturales»). Telerman se queda para salvar esos intereses y a la jerarquía estatal que ha lucrado con ellos. Debutará con una feroz lucha de camarillas. En la Ciudad, Telerman será el eje de una tentativa para «despegar» al gobierno de Kirchner del derrumbe de Ibarra. Los familiares han anticipado que irán por las responsabilidades penales de Ibarra y de todos sus funcionarios.
La caída de Ibarra es un golpe a una vastared estatal y paraestatal. Es un golpe a las camarillas universitarias sobrevivientes de la Alianza; a la burocracia villera que lucra con la tierra y la vivienda; a la burocracia docente y municipal que pactó con Ibarra la regimentación de la Unión de Trabajadores de la Educación.
Todos ellos poblaron las solicitadas y «marchas» truchas en su apoyo. Ibarra es la cabeza de un método de gobierno. En esas condiciones, su caída no puede ser la estación terminal, ni de Cromañón, ni de todas las luchas y reivindicaciones pendientes.




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