17 de octubre 2005 - 00:00

Un sospechoso faisán empañó el éxito "K"

A pesar del malestar que le impidió asistir a la cumbre de presidentes, Néstor Kirchner se mostró exultante en la plaza de Salamanca, junto a su esposa Cristina.
A pesar del malestar que le impidió asistir a la cumbre de presidentes, Néstor Kirchner se mostró exultante en la plaza de Salamanca, junto a su esposa Cristina.
«La culpa fue del faisán.» Así diagnosticó Néstor Kirchner el malestar gastrointestinal que lo aquejó durante su breve estadía en Salamanca, para asistir a la Cumbre Iberoamericana. La descompostura le impidió asistir a las sesiones de la cumbre de presidentes en las que se debatieron los documentos finales de la reunión. Esta vez fue el faisán el que le hizo repetir experiencias anteriores: hace 10 días también había dejado la silla vacía en la Cumbre Sudamericana, que se realizó en Brasilia. En España, Kirchner permaneció encerrado en su hotel durante la reunión de sus colegas.

En Salamanca, quien reemplazó al Presidente fue Rafael Bielsa. El canciller echó un poco de confusión sobre el problema: dijo que lo que sacó de juego a su jefe fue un plato a base de chorizo y ajo que «es rico, pero cae como una bomba». La confusión sobre el menú, acoplada a una ristra de malos antecedentes protocolares de Kirchner (llegada tarde a la Asamblea de la ONU en 2003; desaires numerosos a Vladimir Putin, Ricardo Lagos, Enrique Iglesias, los reyes de España, Lula da Silva, etc.), vuelve más vidrioso el percance gastrointestinal. Tanto que, es curioso, nadie se preguntó si habrá pasado a mayores: como se sabe, el santacruceño tuvo en 2004 una úlcera estomacal que le hizo perder más de dos litros de sangre.

• Sacrificio

Aceptada la tesis del faisán, plato al cual el paladar patagónico de Kirchner no está acostumbrado, debe haber sido un sacrificio para el Presidente acompañar al resto de la comitiva hasta el restorán «Paco 78», donde se sirvieron otras especialidades del país.

Cochinillo, por ejemplo, además de angulas regadas con vino Rioja. Invitaba el generoso Carlos Bettini, embajador en Madrid, quien al hacerse cargo de la cuenta tuvo derecho a uno de sus máximos placeres: punzar a Bielsa, con quien mantiene una vieja relación que en su momento supo triangular Rodolfo Galimberti (Bettini tiene, como es sabido, un pasado montonero compartido con Galimberti). Tenía otros derechos Bettini en este viaje: fue quien tejió en secreto el acuerdo para que AGBAR se quede operando en Aguas Argentinas.

El pasado siempre rodea a estos protagonistas del poder actual. Por eso no podía faltar una referencia al libro «La reina», que la periodista Olga Wornat le dedicó a Cristina Kirchner. A pesar del malestar que habían causado en el entorno oficial algunas estratagemas de Wornat para conseguir la información, en la mesa del Presidente la obra fue mencionada con bastante tolerancia. Casi como una biografía autorizada.

Por abstenerse del menú convencional -maldito faisán-, Kirchner se regodeó con otros manjares: por ejemplo, que José Luis Rodríguez Zapatero no tuviera palabras de elogio sino para él, algo que habrán extrañado Lula da Silva y Hugo Chávez. A los efectos de lo que pretendía, es decir, exposición internacional una semana antes de las elecciones, la visita a Salamanca fue un éxito: se cosecharon elogios del premier socialista; la designación de Buenos Aires como sede para la Cumbre Iberoamericana de 2010; la suscripción de un preacuerdo para el Tratado de Asociación Estratégica que España ya tiene firmado con Brasil y México, y que con la Argentina se concretará el año próximo; dinero y apoyo técnico para la remodelación del Palacio de las Comunicaciones (sede del Correo) para el año del bicentenario de la Revolución de Mayo.

¿Cómo va a terminar la negociación con Venezuela por el reactor nuclear? Julio De Vido es quien lleva la agenda con ese país. Explicó que no habría problema alguno en vender un reactor hecho por el INVAP a Chávez, aunque nadie se preguntó si ese instituto fabrica el aparato que anda buscando el bolivariano parlanchín. Al parecer, no. Las novedades sindicales que llegaron desde la Argentina no le modificaron el pulso al Presidente. El cree que con Hugo Moyano está todo acordado. Hubo un ministro que preguntó si el conflicto con los fabricantes de bebidas no estuvo estimulado por la Casa Rosada. Kirchner cambió de tema. Una noticia local mejoró mucho la imagen de Moyano: los camioneros españoles habían anunciado una huelga por tiempo indeterminado, que comenzó anoche.

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