Es casi seguro que en noviembre el veterano juez, Carlos Fayt dejará la presidencia de la Corte Suprema que debió ocupar de «emergencia» ante la renuncia de Julio Nazareno. La partida de Fayt significará que su colega Enrique Petracchi renueve su vieja aspiración a presidir el Tribunal. De esa elección será responsable, también, Eugenio Zaffaroni.
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Para cuando se produzca su ingreso, el penalista se habrá ahorrado de emitir una decisión sobre complejos y a la vez espinosos temas vinculados a los militares, sólo tendrá intervención en casos de menor importancia.
Durante los últimos meses, la Corte emitió fallos rechazando la extracción compulsiva de sangre a supuestos hijos de desaparecidos mayores de edad; trasladó a la Cámara de Casación una definición sobre las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (aunque tendría la decisión de declararla inconstitucional); emitió sentencia sobre el caso Ragnar Hagelin, avalando el reclamo de la persecución penal que inició el padre de la joven. Se expidió contra Jorge Rafael Videla sosteniendo la postura que el robo y sustracción de menores es un delito que no prescribe. Declaró inconstitucional la pesificación de los depósitos en el caso San Luis y generó un antecedente a favor de los ahorristas. Y, evitó un juicio por 2.600 millones de pesos contra el Estado, el más viejo de la historia judicial (30 años) y el más caro.
Le queda por resolver, el Caso Bulacio a partir de un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el «corralón» que ya no existe porque la mayoría de los ahorristas aceptó la propuesta del gobierno de reprogramar sus depósitos o retirarlos, el pedido de Francia para extraditar al ex marino Alfredo Astiz. Y, eventualmente, alguna demanda de las AFJP contra el Estado por los bonos en default.
Desde el alejamiento de Nazareno y la asunción de Fayt, la Corte ha tenido la característica (algo de lo que se puede jactar el veterano supremo) de haber recuperado la cohesión interna, pese a que todos los jueces están enemistados entre sí y pocos cruzan palabras. Hasta se acusan mutuamente de operaciones o de revelar intimidades de lo que ocurre en las reuniones de los martes.
•Votaciones
Sin embargo, los fallos muestran una actuación en bloque. Con la consigna de la «regla de los nueve» para los temas de significancia trascendental y la «regla de los cinco» para los menores, la Corte ha roto un criterio: el de los fallos de «cinco contra cuatro».
Los últimos fallos, todos fueron de siete votos contra uno. Lo cual habla de la intención de los supremos de demostrar que no rehuyen tratar los temas candentes y que la denominada «mayoría automática» es uno de los tantos rótulos que se le impuso durante la gestión de Carlos Menem. «Ahora deberían hablar de la mayoría automática de los siete», bromeó uno de los ministros.
Por caso, siempre se recuerda el estudio de un instituto que al analizar la actuación de la Corte desde el regreso de la democracia llegó a la conclusión que 92% de las fallos que se emitieron tuvo el respaldo de la mayoría de los jueces, y que se falló más a favor del gobierno en la época de Raúl Alfonsín que en la gestión de Menem.
Este es el panorama que espera a Zaffaroni, que ni siquiera deberá intervenir en el conflicto doméstico que significa la recomposición salarial reclamada por los empleados judiciales. Esto porque por primera vez en la historia de la Corte un presidente de Tribunal le pidió una audiencia a un ministro para tratar un tema económico como fue el recorte presupuestario que impuso Roberto Lavagna al Poder Judicial.
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