13 de noviembre 2002 - 00:00

Una pluma que siempre dice lo que piensa

Se necesitaron tres votaciones para designar al nuevo jefe de la Iglesia argentina: Eduardo Mirás, arzobispo de Rosario, resultó elegido titular de la Conferencia Episcopal tras un trámite de sufragios y eclesiástico que semeja a la consagración del Papa. Esto es, la fumata surgió luego que en las primeras dos votaciones ningún candidato registrara 66% de las adhesiones, con lo cual se pasó a una tercera en que sólo se requería la mitad más uno. De esta manera, casi sorpresivamente, se proclamó a Mirás contra dos candidatos fuertes como Jorge Casaretto, obispo de San Isidro, y Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires. El hecho de que este alto prelado no haya alcanzado la jefatura fue lo más notable de los comicios internos: debe ser la primera vez que un cardenal es derrotado por una figura de rango inferior (normalmente puede ser vencido en este tipo de contingencias por otro cardenal).

Mirás llega a la cima luego de haber sido auxiliar del ya fallecido monseñor Antonio Quarracino -de quien, a su pedido, Bergoglio es sucesor- y con seguridad debe haber alegrado al retirado obispo de Córdoba, Raúl Primatesta: fue éste quien lo encumbró a Mirás como la «pluma» de la Iglesia en los últimos tiempos, en reemplazo de monseñor Carlos Galán -ya jubilado-, a quien difícilmente nadie le corrige sus documentos. Se le reconoce una cualidad no frecuente entre los sacerdotes: dice todo lo que piensa.

Pero esa frontalidad sin reparos políticos (ya que se desentiende de esta actividad) le ocasionó algunos tropiezos. Por ejemplo, en los últimos meses se pronunció a favor del cuestionado obispo santafesino Edgardo Storni (denuncias durante años de varios seminaristas por non sanctas prácticas sexuales), quizás sin imaginar que el Vaticano le prohibiría a éste dar misa, con velocidad no frecuente en los trámites de la Iglesia. También, políticamente, esa actitud lo enfrentó con Carlos Reutemann, a quien le endilgó alguna responsabilidad en los ataques a Storni porque éste se oponía a una ley de juego gestionada en la provincia.

• Transición

Hombre de 73 años, al borde de la jubilación, la nominación de Mirás puede observarse como una transición, aunque seguramente presidirá la Conferencia en el mandato concedido por los próximos tres años. A su lado, como segundo, permanecerá Bergoglio, al que algunos le atribuyen falta de voluntad para ocupar ese puesto superior -se trata de alguien austero en extremo, quien usa los mismos zapatos de hace una década- y otros, en cambio, sostienen que no obtuvo en verdad el favor de sus colegas: sea porque no pertenece al «club» (el de Casaretto, Emilio Bianchi di Cárcano y Justo Laguna), sea porque es jesuita (y a éstos le atribuyen las máximas ambiciones) o debido a la exagerada publicidad que hace de él monseñor Emilio Ogñenovich, un obispo ya emérito y no demasiado querido por otros prelados y a quien alberga en el Arzobipado de Buenos Aires. Ogñenovich, entre otras predicciones, supone y repite que Bergoglio es uno de los argentinos con más futuro de Papa. No será fácil la relación Mirás-Bergoglio.

Si puede parecer un retroceso lo de Bergoglio (recién regresado de Roma), más expuesto en la derrota ha sido el «club»: Casaretto no fue contemplado y esto representa una crítica a su labor en el diálogo con el gobierno y otros sectores. Curioso, lo objetan por los vínculos con la clase política, la misma a la cual Casaretto desprecia. Otro dato final y a tener en cuenta: ha sido incorporado a la cúpula monseñor Domingo Castagna (obispo de Corrientes), un hombre que no reconoce logias ni dependencias, otro cambio significativo como la misma designación de Mirás.

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