Santa Fe - El papa Juan Pablo II tiene 90 días para resolver si acepta la renuncia de Edgardo Storni al arzobispado de la provincia de Santa Fe. El caso, en rigor, no es menor para el Vaticano. En un país sumamente católico como la Argentina, es la primera vez que un escándalo de índole sexual -al sacerdote se lo acusa de acosar seminaristas- precipita una dimisión de este tipo.
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Mientras ayer en la capital santafesina se esperaban señales de vida de monseñor Storni -el religioso se encuentra en el Vaticano donde el sábado pasado entregó su carta de renuncia- se tejían distintas teorías sobre los próximos pasos que dará el renunciante arzobispo.
Mientras algunos sectores de la Iglesia sostenían que era posible que Storni volviera a dar batalla a la provincia, otros creían que no retornaría a la ciudad de Santa Fe, fiel a su perfil bajo. Ambas hipótesis parecían demasiado extremas aunque las acusaciones contra el sacerdote son muy serias: al acoso sexual se agregan los dichos del padre José Guntern (82 años) quien denunció ante la Justicia haber sido coaccionado para retractarse tras declarar públicamente que Storni le dio un «beso sexual» a un seminarista.
• Otra causa
También se le instruye una causa por presunta malversación de fondos públicos, relacionada con el faltante de 150 mil pesos de la colecta anual «Más por Menos».
Más allá de las especulaciones, monseñor Storni está citado por el juez Eduardo Giovannini para el miércoles 2 de octubre a las 10 de la mañana. Sin embargo, como el cura conserva aún su rango está habilitado para prestar declaración por escrito.
Mientras el poder político de la provincia se desentendió del tema (el gobernador Carlos Reutemann no quiso opinar) y los colaboradores de Storni mantuvieron un férreo mutismo, los detractores del renunciante arzobispo se mostraron aliviados. Guntern se manifestó sorprendido y «en paz» al conocer la noticia de la renuncia.
En tanto, el ex seminarista Martín Lascurain, quien declaró ante la Justicia, consideró que hubo y aún existe un «pacto de silencio» que debe finalizar para que se produzca la purificación de la Iglesia. «No se dice realmente lo que se tiene que decir para que haya luz, para que esto realmente sea un capítulo que purifique a la Iglesia», expresó.
En tanto, el sacerdote Severino Silvestri -quien junto a otros religiosos pidió perdón por no haber actuado antes- aseguró que «esta situación fue como un calvario, pero hoy sentimos cierto alivio y una descompresión».
Storni iba en camino de cumplir 18 años al frente del arzobispado de Santa Fe.
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